Alquileres imposibles
El problema del acceso a la vivienda tomó una dimensión global, como lo demuestra el reciente estallido de la crisis habitacional en España. Pero en la Argentina la situación ha alcanzado un punto sumamente crítico, impulsada por el acelerado deterioro del poder adquisitivo de las familias.
Los inquilinos de nuestro país conviven con deudas en mora y un número creciente de familias se ve empujado a 'mudanzas forzadas' por razones puramente económicas. Los números no mienten: los hogares inquilinos hoy representan el 19,3% del total, según datos de Inquilinos Agrupados.
A la par, el impacto del alquiler en el presupuesto familiar se disparó. En la provincia de Buenos Aires, mientras que en 2023 destinar al techo propio requería alrededor del 35% del sueldo, hoy representa cerca del 50%.
Este desfasaje responde a un combo explosivo: salarios deprimidos, un costo de construcción elevado y la escasa oferta de crédito hipotecario para quienes… no son propietarios. A esto se suma el desequilibrio entre oferta y demanda: hay más gente buscando un hogar que propiedades disponibles. La presión sobre el mercado es tal que, aun con valores elevados, la oferta se absorbe rápidamente.
El Estado debe poner el foco en las viviendas ociosas que no se vuelcan al mercado. También resulta prioritario impulsar un esquema tributario progresivo que desincentive la inactividad de estos inmuebles y, a su vez, otorgue beneficios concretos a los propietarios que decidan ponerlos en alquiler. El derecho a un techo digno exige respuestas urgentes para que vivir no se transforme en una carga insostenible.
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