'Después del carnaval viene una profundidad espiritual de preparación para la Pascua'
Durante febrero se celebran los carnavales, una de las fiestas más antiguas y difundidas del mundo. Sin embargo, esos días en los que parece reinar el desenfreno, empalman, el miércoles de cenizas, con el comienzo de un tiempo muy especial en el calendario litúrgico: la cuaresma. Para conocer más sobre el tema, entrevistamos al párroco de San Isidro Labrador, el padre Darío Kling.
En el comienzo de la entrevista, el padre Darío nos explica: 'El carnaval es un tema bien hondo, de raíces culturales muy antiguas, y a la vez tenemos la irrupción de la fe cristiana en el mundo que influye de una manera determinante, tanto que cambia la cuenta calendario: se empieza desde cero desde la venida de Jesucristo. Pero los carnavales son más antiguos y entonces, al crecer la fe cristiana, la Iglesia ve una manera de, yo no digo de bautizar el carnaval, pero sí de hacer un llamado fuerte a la penitencia, a la conversión, a la preparación espiritual para la Pascua'.
El sacerdote recuerda el comienzo de la cuaresma -que son los cuarenta días antes de la fiesta de la Pascua- comienzan el miércoles de ceniza 'Ahí se le ponía fin al carnaval, que era una fiesta de los placeres mundanos, como el baile, la comida, los excesos de todo tipo, y entonces, llegado el miércoles de ceniza se comenzaba un tiempo de preparación espiritual. Se le había dado como una especie de permiso a lo carnal, pero también con la conciencia de entrar después en una profundidad espiritual de preparación para la fiesta de la Pascua', añade.
-¿Por qué se llama miércoles de cenizas?
-Las cenizas también tiene que ver con la Biblia, con la espiritualidad bíblica. La ceniza es un elemento penitencial que nos llama a la humildad. La palabra humildad viene de humus, tierra, polvo. 'Recuerda que eres polvo y al polvo vas a volver'. Frente al orgullo, la soberbia, la vanidad humana, acuérdate de que vas a morir y que te vas a desintegrar, físicamente hablando. Entonces esa ceniza es un signo, por un lado, de lo efímero que puede ser nuestra vida, que hemos salido de ese barro y que volvemos a él, y también es un signo de penitencia. El rey David, cuando comete ese terrible pecado de asesinar a uno de sus jefes militares para quedarse con la esposa, de una manera muy truculenta, terrible, bueno, cuando se da cuenta, cuando el profeta le denuncia el pecado, el rey se llama a penitencia, se tira en el piso, deja todos sus lujos y se pone un vestido harapiento, se cubre de ceniza y constantemente va caminando y se va echando ceniza encima, como diciendo 'soy nada, estoy humillado al máximo, todos mis poderes, toda mi grandeza no sirven para nada frente al pecado que cometí'.
-Y ese miércoles entonces, hay un ritual especial…
-Sí, con esta imposición de las cenizas. Vale decir también que las cenizas siempre parecen algo misterioso, pero se hacen con los ramos de olivo que se dieron el Domingo de Ramos del año anterior. La gente trae ese ramo de olivo seco, eso se quema, y se hace una ceniza finita que se impone en las cabezas. Con dos frases bíblicas, hay dos posibilidades: una que es 'Recuerda hombre que eres polvo y al polvo vas a volver', que puede resultar un poco más chocante, y si no la otra: 'Conviértete y cree en el Evangelio', que es positiva, llama a buscar a Dios, convertite, cambia de rumbo, salí de lo mundano. Entonces, ese miércoles de cenizas empezamos la cuaresma y tenemos esos 40 días de preparación en los cuales la Iglesia propone tres acciones muy tradicionales: el ayuno, la oración y la limosna. El ayuno tiene que ver con las privaciones de las cosas mundanas y lo simbolizamos a veces también con la abstinencia de carne, los viernes. Pero el ayuno así solo es una dieta si no está unido a la búsqueda de Dios y a la caridad, que nos tiene que llevar a ser más solidarios, más serviciales con el prójimo. Esas tres acciones, que van juntas son como una ventana hacia la espiritualidad muy importante, son como un caminito de vida espiritual durante esos 40 días, para llegar a la revelación de la Pascua, donde claro, ya no ayunamos ni hacemos ninguna penitencia porque la alegría del Señor resucitado es verdaderamente lo que nos motiva.
-¿La Iglesia tiene alguna recomendación especial para un cristiano que participa del carnaval?
-La recomendación es la de siempre… Es decir, que seamos coherentes. Un cristiano, no porque sea carnaval, tiene como una especie de 'licencia para pecar'. El pecado siempre va a ser malo y nos va a dañar, entonces se nos pide coherencia. Va a ser difícil porque la fuerza de la corriente es muy grande y el cristiano también está llamado a vivir contra corriente. Entonces, cuidémonos de los excesos. Pero eso pasa también en Navidad, vivimos llenos de peligros, de alguna manera, y entonces también es lo de siempre: estar atentos, estar vigilantes. Jesús nos va a decir eso siempre: 'si el dueño de casa supiera a qué hora llega el ladrón'… Hay que estar atentos y pedirle al Señor la fortaleza para no dejarnos llevar por una corriente que lleva al daño de la persona, a menoscabar la dignidad humana. Lo corpóreo es, podríamos decir, lo externo nuestro, si bien somos una unidad, no tenemos el cuerpo por un lado y el espíritu por otro, pero a través de lo físico, a través los sentidos, nos relacionamos con el exterior. Ahora, si solamente vivimos como si fuésemos seres sensoriales y nada más, bueno… ahí estamos desperdiciando bastante de lo que somos y por lo tanto, si alimentamos solamente lo sensorial, vamos a seguir teniendo más deseos de lo sensorial; si alimentamos lo espiritual vamos a tener deseos de espiritualidad, deseos de ver a Dios. El llamado es siempre el mismo en ese sentido: busquemos a Dios, busquemos los bienes de arriba porque ahí no hay ladrones, ni polillas, ni se corrompe nada.
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