'Hay gente que está al borde del colapso, que no tiene ningún ingreso'
Diego Palavecino es uno de los 700 trabajadores despedidos de la Planta Cahuane que la empresa Granja Tres Arroyos operaba en la ciudad bonaerense de Capitán Sarmiento. Vive en Arrecifes, desde donde todos los días iban a trabajar unos 140 operarios a los que les deben los haberes desde junio. El trabajador nos contó cómo están sobrellevando la situación de la que no hay ningún indicio de solución.
'La verdad es que quedamos varados, prácticamente del todo; no hay novedades ni respuestas de la empresa', dice Palavecino, y agrega: 'incluso la conciliación obligatoria que impuso el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires nos jugó en contra, porque se esperaba una solución, una respuesta, la reincorporación de la gente, que se reactive la fábrica, pero no pasó nada de eso y encima nos atrasó el trámite del fondo de desempleo por treinta días. Hoy lo podemos hacer pero para empezar a cobrar recién en noviembre y vamos a cobrar el mínimo, que son 180 mil pesos. Hay gente que está al borde del colapso, que no tiene ningún ingreso'.
Otro aspecto del problema, según relata Palavecino son los trabajadores que no han recibido el telegrama de despido. 'Esa gente está a la deriva, porque no sabe si la van a despedir, o la van a volver a llamar para trabajar, o tiene que buscarse otro trabajo; no pueden hacer nada'.
-¿Cómo evalúan el comportamiento del sindicato?
-Nosotros estamos en el Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA), pero el sindicato está atado de pies y manos, está muy presionado. Hay un acompañamiento, incluso en Capitán Sarmiento, de donde son la mayoría de los despedidos, se hacen ollas populares. Y también tenemos el apoyo legal. Yo veo que está bastante bien lo que hace el sindicato. Nosotros cobrábamos un sueldo que no es fácil de conseguir acá, en toda la zona.Y eso es porque tenemos un buen sindicato, si no tenés un buen sindicato, los salarios no son buenos. Hay mucha gente está muy confundida con el sindicato, pero hay que ponerse en el lugar, en los momentos.
-¿Y hoy tienen algún canal de comunicación con la empresa, pueden hablar con alguien?
-No, ninguno. Estamos a la deriva, no tenemos ninguna respuesta de absolutamente nadie.
-¿De Arrecifes, qué cantidad de trabajadores quedaron afuera?
-Alrededor de ciento cuarenta, de los cuales hay varios que como ya dije, no recibieron el telegrama y están en una incertidumbre total.
-Tenemos entendido que el municipio les está dando algún tipo de asistencia…
-Sí, igualmente es un parche, porque hay compañeros que no tienen para apagar la luz y -si bien no se la cortan- esa deuda se sigue generando. Es una emergencia para que no se queden sin luz, pero la deuda, ¿quién te la paga? Nadie. Hemos tenido por ahí una ayuda en alimentos. Y bueno, así lo vamos piloteando; ahora cada cual se está buscando una changuita o algo para hacer, para poder continuar porque conseguir un trabajo genuino es muy complicado, no hay, acá en Arrecifes no hay fuentes laborales. En su momento, cuando todas las ciudades de los alrededores fueron creciendo con industrias, acá en Arrecife no pasó eso y estamos estancados en la mediocridad. Esta debe ser la ciudad con más precarización laboral de la zona. Podríamos ir a buscar trabajo a la zona, como a Salto, que por tiene una movida más industrial, pero también está bastante ocupado todo, así que hoy es muy complicado conseguir un trabajo.
-¿Qué edad tiene, Diego, y cuánto hacía que trabajaba en la empresa?
-Tengo 45 años y hacía 17 que trabajaba en la fábrica, pero había mucha gente con 25 años de antigüedad, gente a la que ya le quedaba poco para jubilarse, y lamentablemente los dejaron varados. Dentro de todo, yo me doy maña en la herrería, estoy haciendo algunas artesanías en hierro, voy a ferias de la zona, pero hay gente más grande que no tiene otra salida, o un oficio.
-¿Y qué tipo de proceso hacían en Capitán Sarmiento?
-Todo, completo. El pollo llega vivo a la fábrica y se aprovechan hasta las plumas, no tiene desperdicios, se utiliza todo. La verdad es que era una planta enorme, hasta habilitada para exportar, una planta modelo. Yo estaba en la parte de trozado y últimamente, en las últimas semanas no trabajamos, no había prácticamente insumos. Era como que se veía venir pero no lo queríamos aceptar. Estábamos aguantando sin cobrar; al día de hoy no nos terminaron de liquidar la segunda quincena de junio, pero seguimos aguantando para ver si esto se podía solucionar. Nadie creía que se iba a cerrar, pero parece que estaba todo tan desbalanceado que no había solución.
-¿Y los trabajadores qué creen que pasó?
-Yo te voy a decir un pensamiento personal: no es un caso aislado el de Granja Tres Arroyos, está pasando en todo el país. O sea que hay que abrir un poco más la visión y ver que lo que está pasando es claramente una mala política que está llevando a la ruina a las empresas grandes, porque están cerrando empresas grandes con mucha gente. Y no lo digo yo, sino que lo dijo el mismo presidente: que si no es viable lo que están haciendo que se dediquen a otra cosa. Así que más claro que eso…
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