Viernes . 29 Agosto . 2025

Escucha en Vivo:

Ciencia, política y religión

08/07/2025
Ciencia, política y religión

CONTRATAPA / Por Marcelo Chata García 

La mayoría de los dirigentes políticos tienen una relación estrecha con la religión y no soy quién para juzgar si es por conveniencia o fe. En ese sentido, que el presidente inaugure un templo evangélico no tiene nada en especial y los integrantes de esa congregación seguramente se sentirán reconocidos por la presencia del primer mandatario. Calificar la 'justicia social' como pecado capital, es discutible, pero forma parte de su discurso político. Pasa lo mismo con su sumisión al judaísmo, el problema es cuando interfiere la diplomacia argentina incluyéndonos en conflictos ajenos y en el genocidio palestino. Guiarse por la actividad médium de su hermana, ya suena raro, nos trae el mal recuerdo de la relación de Perón e Isabel con López Rega. Su mesianismo es mucho más peligroso, pues es la autopercepción propia de los dictadores. Ese entramado de políticas y creencias me recuerda a mis estudiantes de ciencia cuando me preguntan por religión.

La ciencia es atea. La ciencia, no necesariamente el científico. El científico puede ir a misa, volcar un chorro de vino al suelo para la Pachamama, trabajar en un laboratorio de una universidad confesional, sentir la magia del universo o preocuparse por el horóscopo del domingo. Un profesional de la salud puede orar por la vacuna contra el cáncer. U otro rezar en dirección a La Meca para agradecer su cura. Ningún científico objetará un pastor en el laboratorio, ni la estampita en la billetera del colega. O quizá sí, porque el campo de la ciencia no está exento de racistas, clasistas, xenófobos, sexistas y otras hierbas. Pero los tiempos del positivismo de Comte, del Círculo de Viena o del primer Wittgenstein, donde se consideraba el discurso científico como el único válido, han quedado –a buena hora- atrás.

El saber científico es una creencia (Samaja), pero eso no implica admitir un relativismo que lo diluya como una perspectiva más. Sus saberes están basados en la contrastación empírica, las reglas lógico-matemáticas y la crítica de pares (Bourdieu). Entonces, la ciencia es un saber particular. En sus procedimientos, en sus instrumentos, en su forma de razonar hay un gesto ateo que niega cualquier explicación por un ser superior. Cuando suceden hechos inexplicables, alguien puede ver un 'milagro', algo 'mágico' o 'sobrenatural'. Incluso algún científico puede verlo así. Pero para la ciencia es una 'anomalía'. Un hecho que no puede ser explicado por las teorías actuales. Un fragmento de la realidad que deberá esperar que nuevos paradigmas logren resolverlo. Y permanecerá así, como incógnita. Si la ciencia hubiera cerrado la pregunta bajo el rótulo de milagro, pues simplemente nuestro conocimiento no hubiera avanzado nunca.

La ciencia tampoco se pregunta por el origen. El universo 'es', no hay creador. Eso le evita la intromisión en sus explicaciones de las cualidades antropomórficas de las deidades: castigar, recompensar, el plan predestinado, la revelación. Sólo hay elementos en distintas combinaciones azarosas, o regularidades causales, que producen distintos efectos físicoquímicos. Somos polvo de estrellas, decía Carl Sagan. En sus combinaciones más complejas evolucionó hacia ciertas formas de vida, algunas de las cuales pudieron desarrollar fenómenos como sentimientos, aprendizaje y lenguaje. Es decir, tampoco hay alma, espíritu, o alguna cualidad en la cultura humana que la haga 'naturalmente' distinta al resto de las formas de vida. '…hubo una vez un astro en la que unos animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue aquél el instante más mentiroso y arrogante de la historia universal', decía Nietzsche. Tampoco hay destino, o leyes de la compensación que hagan que el mal las pague o el bien sea recompensado. Sino formas evolucionadas de sociedad que generaron instituciones para implementar justicia.

Como poder, la ciencia tiene responsabilidades éticas (Jonás). Pero estas no responden a una moral decretada por un ser superior, sino configuradas en una filosofía (Bunge). El humanismo científico inspira la búsqueda del conocimiento en beneficio de la humanidad, de su calidad de vida y de su entorno. Las investigaciones están atadas a los Derechos Humanos, que en los últimos años han avanzado en su percepción sobre nuestro lugar en el ecosistema y nuestra relación con otros seres vivos.

La ciencia es atea. No necesariamente los científicos. Y el credo de un investigador no tiene por qué ir en detrimento de su oficio. El problema es el oscurantismo: cuando lo religioso se opone o impone a los hallazgos científicos. 'Eppur si mouve', dijo, al parecer, Galileo cuando el tribunal eclesiástico le hizo retractarse de sus descubrimientos: 'y, sin embargo, se mueve'. Es decir, la tierra no es el centro de la creación.

Tan peligroso como el oscurantismo, son los intereses económicos y políticos. Tampoco se opone la ciencia al éxito empresarial de los científicos, o a su escalada en las burocracias públicas. El problema es cuando los intereses del mercado y de la geopolítica atentan contra la verdad, la investigación, las responsabilidades éticas y el aprovechamiento de la humanidad del conocimiento. Más peligroso es cuando el oscurantismo se combina con esas otras dos fuentes de poder.

La ciencia es atea. La fe del científico no es tema de discusión. En definitiva, si llegara a haber un fin de los tiempos y un juicio final, la ciencia se declarará culpable de todo, incluso de aquello que, por falta de agallas o de tiempo, fue incapaz de explicar.

feature-top