El aporte del periodismo al desarrollo agrícola de Chacabuco
A finales del siglo XIX, cuando el modelo agroexportador argentino comenzaba a consolidar el perfil productivo de la pampa húmeda, la transformación del campo tuvo un aliado sumamente eficaz que fue la prensa escrita. Eso también se vio en el partido de Chacabuco, donde el periodismo asumió un rol marcadamente pedagógico, convirtiéndose en el motor doctrinal y técnico de una agricultura incipiente que buscaba superar los métodos antiguos.
Cuenta el profesor Oscar Melli que los periódicos y revistas de la época no se limitaron a registrar la actualidad social o política del pueblo. Por el contrario, también asumieron la tarea de indagar en los temas más avanzados de la ciencia del agro, impartir consejos prácticos cotidianos y guiar a los productores locales en la adopción de nuevas tecnologías.
El primer periódico editado a nivel local, que se llamaba El Progreso, ya mostraba esta vocación. En un artículo titulado 'Agricultura', de octubre de 1889, la publicación ponía de relieve las condiciones privilegiadas de la provincia de Buenos Aires, subrayando la fertilidad de sus tierras y la bondad de su clima. Sin embargo, no se quedaba en la mera contemplación de la naturaleza, sino que analizaba con agudeza las transformaciones económicas en curso. Acerca de esto sostenía que la ganadería tradicional cedía gradualmente su lugar de privilegio ante el avance de la agricultura, impulsada, entre otros factores, por el creciente valor inmobiliario de la tierra.
El artículo planteaba que el verdadero desarrollo requería obras de infraestructura proporcionales al esfuerzo del agricultor, además de advertir que si bien el ferrocarril y la fundación de centros agrícolas estaban modificando de raíz las costumbres de la campaña, el porvenir de Chacabuco exigía avances concretos. Entre ellos, ponía el acento en la necesidad de contar con buenos caminos de acceso a las estaciones ferroviarias, así como a la instalación junto a ellas de 'graneros para almacenar las cosechas'.
Según Melli, una publicación que encarnó con singular maestría esta función de cátedra itinerante fue una revista llamada El Bien. A través de sus entregas dominicales, el semanario desplegó una prédica esclarecedora de notable constancia. Sus páginas abarcaban un abanico temático de gran diversidad, como política agraria, procesos de colonización, educación agronómica, análisis y laboreo de suelos, técnicas de riego y lluvia artificial, cultivo de cereales, plantas forrajeras, oleaginosas, hortalizas, especies florales, forestación, viticultura y olivicultura.
La preocupación central por la transformación de la vida rural quedó plasmada de manera elocuente en la edición del 20 de septiembre de 1896. En un artículo titulado 'Nuestra gira por el partido de Chacabuco', la publicación manifestaba su compromiso ético y social:
'El problema de la vida agrícola, de la roturación de los suelos, de la formación de las praderas, el levantamiento de forrajes, la aplicación de los mejores sistemas de máquinas e instrumentos de agricultura y el desarrollo de industrias, se hallan en tela de juicio. La constitución de la familia rural, fijando el destino de esos seres que van saliendo de la monotonía para esclavizarse en la vida agraria, preocupa la mente de los que piensan en el progreso razonado de este país', expresaba uno de los párrafos.
La crítica no esquivaba las fallas locales. Años antes, en 1888, un corresponsal del diario El Oeste de Mercedes había observado que el cultivo de lino en Chacabuco no rendía lo esperado por la deficiente labranza, en la que se arrojaba la sementera 'a la manera india, en pelo, como dicen'. Recogiendo el guante, la revista El Bien publicó en 1896 varios artículos sobre el lino, en los que se expusieron los resultados obtenidos tras siete años de experimentaciones prácticas.
Señala el historiador que la revista también promovió mucho la arboricultura. Como parte de eso, Leopoldo Cárdenas difundió útiles consejos sobre el cerezo, el duraznero y la vid; Guillermo Mujica compartió experiencias sobre el eucalipto; el Dr. Tomás E. Sacce aportó observaciones de su viaje por Cuyo sobre olivos y nogales, y la escritora Corinda Matto de Turner dedicó páginas al cultivo del banano.
Junto a El Bien, el periódico bisemanal El Mentor ocupó un lugar de vanguardia en la defensa de los intereses ruralistas. Dirigido por don Francisco Oliden, este medio combinó la sensibilidad social con la innovación. A su vez, Oliden ejerció la representación de la afamada casa alemana Juan Meyer, introduciendo en la zona semillas de alta calidad como la cotizada 'papa de Hamburgo', además de variedades frutales y hortalizas de rendimiento excepcional.
El Mentor fue además el vehículo de difusión del ingeniero agrónomo Hugo Miatello, inspector del Ministerio de Agricultura de la Nación. En 1908, Miatello instruyó a los productores sobre cómo combatir las plagas del duraznero, y en 1909 disertó en Chacabuco ante un auditorio de agricultores. De aquella histórica visita surgió el proyecto de fundar en Chacabuco una chacra experimental.
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