Sabado . 08 Agosto . 2026

Escucha en Vivo:

El palacio que estaba en una estancia de Rojas y terminó hecho escombros

08/08/2026
El palacio que estaba en una estancia de Rojas y terminó hecho escombros

La mañana del sábado 20 de junio de 1970 amaneció bajo un manto denso de niebla y un intenso frío en la pampa bonaerense. Pese a las inclemencias del tiempo, una caravana inusitada de automóviles, muchos de ellos con patentes de la Capital Federal, avanzaba a paso lento por los accidentados caminos de tierra cercanos a la localidad de Carabelas, en el partido de Rojas.
El destino final era la estancia San Jacinto. Allí, cerca de mil personas -entre los que había anticuarios acaudalados, coleccionistas de arte, curiosos y vecinos de la zona- se reunieron para presenciar la subasta pública de un gigante moribundo, el Palacio San Jacinto, una mole de inspiración normanda conocida popularmente en la región simplemente como El Castillo.
Mientras un fotógrafo ofrecía retratar a las familias frente a la imponente fachada bajo la advertencia de que debían hacerlo antes de que el palacio 'desapareciera para siempre", comenzaba a escribirse el capítulo final de la residencia rural más deslumbrante y ostentosa que, según dicen, hubo en el noroeste bonaerense.
En un artículo publicado por Edición Noroeste se señala que durante más de un siglo la voz popular de la región repitió que el general Justo José de Urquiza le había entregado a Saturnino Unzué unas 30 leguas de tierra en agradecimiento por un préstamo financiero otorgado en la antesala de la batalla de Caseros. Sin embargo, rigurosas investigaciones académicas publicadas en 2025 señalaron que no existe evidencia documental alguna sobre tal transacción. La realidad histórica revela un proceso más metódico: la consolidación del imperio territorial de la familia Unzué mediante compras estratégicas, arrendamientos, transferencias de derechos y operaciones con tierras públicas durante la segunda mitad del siglo XIX, alcanzando la estancia San Jacinto una superficie enorme de entre 75.000 y 80.000 hectáreas.
Tras el fallecimiento de Saturnino en 1886, el dominio del casco quedó en manos de su hija, María de los Remedios Unzué, conocida en los salones de la alta sociedad porteña como "la Beba Alvear". Viuda desde 1905 de Ángel Torcuato de Alvear Pacheco -hermano del expresidente Marcelo Torcuato de Alvear- y sin descendencia directa, María canalizó su inmensa fortuna en la beneficencia, la vida social y el mecenazgo. En 1920, impulsada por el deseo de erigir un símbolo perdurable del poder terrateniente, encargó la demolición de la antigua casa patronal y contrató al prestigioso arquitecto francés Louis Faure-Dujarric para proyectar un palacio señorial.
Inaugurado en 1924, el edificio fue concebido bajo las pautas de la arquitectura normanda francesa. Se estructuró en dos imponentes alas articuladas por una majestuosa portada central, ostentando techos de pizarra verdosa importada, fachadas de ladrillo rosado a la vista, molduras de tono bordó, anchas terrazas de estilo inglés, balconadas y complejos subsuelos de servicio.
Aunque las crónicas periodísticas de la época diferían sobre su dimensión exacta -pues mientras la revista Periscopio contabilizó 40 habitaciones y 20 baños en 1970, el imaginario popular y otras reconstrucciones históricas le atribuyeron un centenar de ambientes-, la escala del palacio no tenía parangón en el ámbito rural argentino.
El interior del Palacio San Jacinto era una enciclopedia viva del arte decorativo universal y de la suntuosidad europea. En efecto, contaba con revestimientos, escalinatas principales, chimeneas y piletas de baño tallados en puro mármol de Carrara. En el exterior, destacaba un aljibe esculpido minuciosamente en mármol florentino.
Además, todos los ambientes principales contaban con pisos de roble de Eslavonia ensamblados a mano. Los muebles a medida y las aberturas fueron confeccionados en maderas nobles como cedro, nogal y roble, complementados con piezas de mobiliario importadas directamente desde Francia y Japón.
La pieza maestra de la gran sala de recepción era una araña monumental que pesaba cerca de 200 kilos. Su estructura combinaba hierro forjado artístico con una cantidad masiva de plata fina.
Por otra parte, cerámicas y mayólicas españolas decoraban galerías y baños, junto con vitrales polícromos, cuadros de maestros europeos, esculturas de bronce, fina vajilla de porcelana de Sèvres, tupidas alfombras importadas y griferías de bronce cincelado. A esto se suma que cada suite y salón respetaba una ambientación temática exclusiva, combinando refinamientos de estilo francés, inglés, español, colonial, oriental y americano.
Los extensos subsuelos de El Castillo alojaban una central térmica con caldera a leña, encargada de proveer calefacción por radiadores y agua caliente corriente a los más de 20 baños y salones, toda una proeza tecnológica para la época.
Alrededor del palacio se extendía un parque de 25 hectáreas en el que había fuentes, estatuas de bronce, patios ornamentados y una reserva donde pastaban ciervos llevados especialmente a la estancia. Además, a metros de la casa principal se levantaba una monumental capilla dedicada a la Inmaculada Concepción.
A lo largo de sus décadas doradas, el palacio alojó a la élite política e intelectual, incluyendo a los expresidentes Marcelo T. de Alvear y Agustín P. Justo. Incluso fue inmortalizado en el cine al filmarse allí, en 1957, el desenlace de la película 'Fantoche', protagonizada por Luis Sandrini y Beatriz Taibo.
Sin embargo, tras la muerte de María Unzué en 1950, a los 88 años, la falta de herederos directos desencadenó una compleja división sucesoria. Hacia 1966, mantener las decenas de habitaciones, techos, calderas y jardines costaba varios millones de pesos anuales. En agosto de 1968, la propiedad fue vendida por 27 millones de pesos a Ecuador Inversora S.A. con la intención de transformarla en un deslumbrante hotel internacional con casino. No obstante, la prohibición legal de instalar salas de juego cerca de Buenos Aires, la epidemia del Mal de los Rastrojos y la inestabilidad política del país hicieron fracasar la iniciativa.
Sin compradores dispuestos a desembolsar 50 millones de pesos y tras gestiones fallidas ante la Municipalidad de Rojas, escuelas agrícolas y clubes locales, la empresa liquidó el inmueble. Así, a las 11:00 de la mañana del 20 de junio de 1970, los rematadores Natalio Scalise y Osvaldo Scardino comenzaron a vender el palacio pedazo a pedazo: pisos, chimeneas, vitrales, mármoles, puertas y ladrillos. Tras recaudar unos 20 millones de pesos, la piqueta redujo a escombros una obra arquitectónica irrepetible, borrando para siempre de la pampa bonaerense el sueño de la aristocracia terrateniente.

feature-top