El recuerdo de las visitas del padre Carlos Mugica a Chacabuco
Este lunes se cumplió el 52° aniversario del asesinato del sacerdote Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, a manos de la Alianza Anticomunista Argentina, conocida como Triple A, una organización armada de extrema derecha dirigida por José López Rega. Augusto Sánchez Ventimiglia nos acercó parte de una investigación que realizó sobre la vida del cura mártir y también recuerda la suerte que corrió el párroco 'Cacho' Zaccardi'.
Mugica nació en Villa Luro, ciudad de Buenos Aires, el 7 de octubre de 1930, en el seno de una familia de la aristocracia argentina. Luego de terminar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, comenzó la carrera de derecho, que abandonaría para ingresar en 1951 al Seminario Metropolitano de Buenos Aires. Ocho años más tarde, el 20 de diciembre de 1959, fue ordenado sacerdote en la Catedral de la ciudad de Buenos Aires.
También sabemos que a comienzos de la década del 60, Mugica se desempeñó como asesor espiritual de la Juventud Estudiantil Católica del Colegio Nacional de Buenos Aires y de la Juventud Universitaria Católica de la Facultad de Medicina. Entre los jóvenes que se formaron a su lado en esos años, se encontraban algunos de los que pasarían a militar en la Tendencia Revolucionaria de la Juventud Peronista y en la agrupación Montoneros.
En 1967, Carlos Mugica se integró al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, una corriente renovadora dentro de la Iglesia Católica con un profundo compromiso con la realidad social y política de América Latina.
"Creer no significa tanto saber que Dios existe como creer en Dios y, sobre todo, creerle a Dios, y esto significa: cuando yo le creo a una persona no me comprometo con esa persona, adhiero a esa persona (...) Creer es adherir a lo que Cristo dice; en dos palabras se podría decir que es jugarse entero por los hombres. Eso es creer". Con esta frase del propio Mugica, Augusto comienza recordando al sacerdote martirizado.
'A 52 años del martirio del padre Mugica, su testimonio de fe jugándose entero por los hombres y mujeres del Pueblo, nos cuestiona', dice Sánchez Ventimiglia, para quien honrar su martirio es 'Creer en Dios, creerle a Dios. Adherir a Jesús, jugarse por las hermanas y hermanos más pobres. Ser una Iglesia en salida hacia las periferias geográficas y existenciales'. Y añade: 'Continuar las huellas del padre Mugica, del Papa Francisco, de tantas y tantos testigos del Reino desde nuestro Tercer Mundo'.
En Chacabuco
'Mugica visitó Chacabuco en dos ocasiones, invitado por el padre Cacho Zaccardi', comenta Augusto, y detalla: 'Cacho, si bien no era del grupo militante del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, sí era adherente. Además tenía vínculos con muchos de sus integrantes, entre ellos Mugica, así como con los sacerdotes Palotinos, entre otros referentes del ala liberacionista de la Iglesia'.
'La primera visita de Mugica a Chacabuco fue en el marco de la campaña electoral del FreJuLi. La segunda, ya durante su enfrentamiento público con López Rega. Por eso quienes asistieron recuerdan la custodia armada y lo vehemente de su discurso', explica, y afirma que Mugica 'empezó diciendo que celebraba ver menos gente de traje y tapados de piel como la vez anterior, y más gente de los barrios ocupando los primeros lugares. Luego desarrolló el concepto del Hombre Nuevo'.
'Por lo que pude reconstruir de ese viaje a Chacabuco, luego fue a Chivilcoy. Ya había renunciado al Ministerio de Bienestar Social. En la nota que dio por Radio Chivilcoy cuestionaba la violencia de las organizaciones armadas en aquel contexto donde ya gobernaba Perón y el pueblo merecía gozar de esa felicidad tan ansiada. Según su lectura, la lucha armada había tenido un propósito específico durante la proscripción del peronismo', asegura Sánchez Ventimiglia. Y continúa con el relato: 'Así que la segunda visita de Mugica a Chacabuco y las localidades de la zona no fue en cualquier momento ni en el marco de condiciones cualquiera, sino en una situación específica donde se estaba jugando la vida. En ese contexto, evidentemente quería dejar un mensaje claro y contundente. Y Cacho (Zaccardi), en un humilde segundo plano, habilitó las condiciones, dio lugar y acompañó a su amigo y hermano. También jugándosela. Vaya si se la jugó y pagó un doloroso costo'.
En diciembre de 1973, la revista El Caudillo, órgano vocero de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), advirtió a Mugica, en una carta abierta, "el estar equivocado, y andar por la vereda equivocada". Fue su sentencia de muerte. El 11 de mayo, luego de celebrar misa en la parroquia San Francisco Solano del barrio porteño de Villa Luro, el padre Carlos Mugica fue alcanzado por cinco disparos de ametralladora Ingram, las mismas que ostentaba la escolta de López Rega. Falleció en el hospital Salaberry.
Augusto también habla del cura de Chacabuco: 'Durante los primeros meses de la dictadura, el padre Cacho Zaccardi fue detenido en la comisaría de Chacabuco y puesto en libertad bajo condición de abandonar aquella comunidad y toda actividad político pastoral. En marzo de 1977 dejó Chacabuco para refugiarse durante largos años en la burocracia de la curia de Mercedes, protegido por el obispo Mons. Luis Juan Tomé. Los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA) dan cuenta de su marca como "fichado". Catalogada en la "Mesa D.E.", para factores religiosos y entidades comunales, los legajos del padre Cacho centran el seguimiento de su actividad en Chacabuco y el Grupo Juvenil Parroquial "San Isidro Labrador". Su ficha lo identifica como "MSTM".
Aquel día de noviembre de 1973, el padre Mugica se despidió de Chacabuco citando la polka correntina del Paí Julián Zini "Qué triste y qué lindo": "...Qué lindo poder siempre dar la mano / saber que es posible la amistad. / Qué lindo procurar para mi hermano / lo mismo que procuro yo alcanzar. / Qué lindo que es jugarse con los otros / detrás de lo inhumano de un jornal. / Qué lindo confundirse en el nosotros del Pueblo que es la única verdad. / Por eso estoy aquí cantando, por eso estoy aquí soñando. / Con el hombre feliz, el Hombre Nuevo'.
'Porque ´no hay mayor amor que dar la vida por los amigos´ (Jn 15, 13)', finaliza Augusto.
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