Enseñar con miedo
Por Susana Manzi
La agresión a una preceptora y a una vicedirectora en la Escuela Secundaria N° 4 no es un hecho aislado. Hoy, mientras docentes de todo el país paran para pedir justicia por una compañera, la pregunta es una sola: ¿quién cuida a quienes enseñan?
El martes 13 de octubre, una preceptora de la Escuela Secundaria N° 4, nuestro viejo Colegio Nacional, había recibido los libros que escribió. Horas después, la madre de una alumna entró a reclamar por un conflicto del viernes anterior: la escupió, la golpeó, la tiró al piso y la amenazó. También golpeó a la vicedirectora. Hubo patrullero, SAME y una denuncia por lesiones leves y amenazas. Ella lo resumió así: 'hoy necesitaba abrazar mi libro. Y terminé necesitando que me abrazaran a mí'.
No es una excepción. Días antes, los docentes bonaerenses habían parado por agresiones en diferentes distritos de la provincia de Buenos Aires, entre ellos Trenque Lauquen, San Miguel y Hurlingham. En junio, en Tandil, un alumno le fracturó la mandíbula y el cráneo a su profesor de música.
Escribo como abogada y como docente. Estoy jubilada, pero uno nunca se jubila de docente. Y lo digo sin eufemismos: hoy enseñar es un trabajo insalubre. En derecho, la insalubridad la declara la autoridad laboral tras una inspección, pensando en ruidos o sustancias tóxicas. Nadie inspecciona el miedo. El Código Penal llamará 'leves' a esas lesiones; leves no son para quien tiene que volver al aula. Lo que el derecho todavía no sabe nombrar, los cuerpos de los docentes ya lo están padeciendo.
¿Y qué hace el Estado? El 21 de octubre, ocho días después de lo ocurrido en la Escuela N° 4, se publicó la Ley 15.647, que reforma el Código de Faltas bonaerense. Castiga con arresto de 5 a 30 días o multa a quien hostigue, insulte o agreda a trabajadores de la educación, la salud o los servicios esenciales, y duplica la sanción si ocurre frente a alumnos. Es un avance y también un síntoma: la violencia ya no distingue entre el aula y la guardia. Pero su nuevo texto no alcanzará a lo ocurrido en Chacabuco, porque una ley que castiga no puede aplicarse hacia atrás. Y, como los protocolos, las guías, los acuerdos paritarios y la reciente baja de la edad de imputabilidad a 14 años, llega después del golpe: es el yeso, no la prevención de la fractura.
Hannah Arendt lo advirtió hace setenta años: la crisis de la educación es una crisis de autoridad, la de los adultos que renuncian a presentarles el mundo a los que llegan. Cuando eso pasa, los chicos no quedan más libres: quedan librados a la ley del grupo. François Dubet agrega que la palabra del maestro estaba sostenida por un pacto con las familias: si la escuela llamaba, la casa acompañaba. Ese pacto se rompió, y hoy cada docente construye su autoridad solo.
En la Escuela N° 4, el conflicto empezó entre chicos un viernes; el martes, la adulta que debía ayudar a resolverlo fue la que golpeó. La lección fue que los problemas se resuelven con el cuerpo y no con la palabra. Como sostiene Carina Kaplan, la violencia irrumpe justamente donde la palabra deja de operar.
¿Qué hacer? Prevenir en ese intervalo, con equipos de orientación completos que convoquen a las familias antes de que el enojo llegue a la puerta. Cuidar a quien cuida, con acompañamiento psicológico y legal inmediato. Sancionar rápido, porque la impunidad también educa. Y reconstruir la alianza con las familias: la sociedad tiene que aprender a no esperarlo todo de la escuela. La escuela no puede ser el único adulto que queda en pie.
Hoy, además, los docentes de todo el país paran por otra herida. Como expresó el secretario general de UDOCBA, Alejandro Salcedo, el paro es para exigir justicia por Nancy Godoy, docente rural de Corrientes hallada sin vida; para abrazar a su familia y a su comunidad educativa, y para gritar bien fuerte que ninguna docente más debe faltar en la escuela por causa de la violencia femicida. Ni una menos.
La preceptora de la Escuela N° 4 lo preguntó mejor que nadie: ¿quién cuida a quienes cuidan todos los días? La escuela no necesita solo que la abracen después: necesita que la cuiden antes.
Porque cuando en una escuela se enseña con miedo, el problema no es la escuela: es una sociedad que se quedó sin adultos.
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