Familia multi-especie protegida
Doctora Susana Manzi
El reciente fallo dictado por la Dra. Carolina Malla en Misiones representa un hito que estremece y, a la vez, ordena nuestra comprensión de la justicia. No estamos ante un simple decreto de rutina; estamos ante una pieza jurídica de un valor pedagógico incalculable que cala profundo en el corazón de lo que hoy definimos como dignidad humana y protección familiar.
Como abogada, resulta fascinante y sumamente riguroso observar cómo el derecho procesal de familia se despoja de antiguos formalismos para nombrar las cosas por su nombre. El fallo no titubea al tipificar el maltrato hacia los animales domésticos —Otto, Apolo, Gala y Foxi— como una forma explícita de "violencia vicaria". La justicia penal y de familia a menudo ha sido ciega a estas maniobras; sin embargo, esta resolución entiende a la perfección la perversión del agresor que utiliza el sufrimiento de seres indefensos y sintientes como un preciso mecanismo de control, una sutil pero devastadora herramienta para quebrar la integridad psíquica de la madre y de sus hijos. Al prohibir el traslado o la disposición de las mascotas, la judicatura rompe con la obsoleta concepción legal que reduce a los animales a meros objetos de propiedad, reconociéndolos como sujetos de protección jurídica indispensables para el bienestar del hogar.
Pero este texto es, fundamentalmente, una lección abierta de ciudadanía. Como docente, encuentro en estas líneas el material perfecto para enseñarle a las nuevas generaciones cómo las leyes vivas evolucionan junto con la sociedad. Este caso nos fuerza a llevar al aula una discusión impostergable: la existencia consolidada de la familia multi-especie. Enseñar derecho y política hoy implica explicar que el "núcleo familiar" ya no se restringe a los lazos de sangre humanos, sino a la red de afectos que sostiene la vida cotidiana. El dolor de ver sufrir a un miembro de cuatro patas golpea el aula, golpea la infancia y altera el desarrollo de los menores involucrados, M. y I., cuya asistencia psicológica inmediata ha sido ordenada. El aula debe aprender que la violencia familiar es una red compleja y que el Estado, cuando actúa con rapidez y articulación —activando en horas a la policía y a los organismos de niñez—, es capaz de ofrecer un verdadero escudo protector.
En definitiva, la esencia de este fallo reside en su inmensa humanidad. Nos demuestra que el derecho no es una estructura fría y distante, sino un organismo vivo capaz de empatizar con el sufrimiento real de una madre, de sus hijos y de sus animales. Al resguardar a Otto, Apolo, Gala y Foxi, la justicia misionera no solo dictó una medida cautelar urgente; dictó una cátedra de compasión y vanguardia, recordándonos que una sociedad es verdaderamente justa cuando es capaz de proteger la vida en todas sus formas de afecto.
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