Gig workers y freelancer
Por Marcelo 'Chata' García
El gobierno festeja la baja en la tasa de desocupación a un 6,6%. En las últimas semanas, las noticias sobre cierre de fábricas, despidos y cesantías hacían temer un salto en la cantidad de desocupados. Por otro lado, el índice de Precios al Consumidor había dado una inflación de 2,5% y el índice de Producción Industrial Manufacturero descendió un 0,8% en octubre. Por lo tanto, precisaban algún indicador positivo para mostrar. No obstante, el índice puede estar ocultando el desplazamiento de un empleo de mayor calidad a otro más precario dentro de la economía gig.
En el jazz llaman 'gig' a las intervenciones de un músico en un tema. Esas intervenciones puntuales, ocasionales, que tienen una participación acotada. El concepto pasó a usarse para lo que nosotros llamamos economía de plataforma: estrategias para procurarse ingresos mediante el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. El gig workers creció mucho, sobre todo, durante la pandemia de covid-19, donde muchas personas tuvieron que improvisar y recurrir a las redes para reemplazar el trabajo que no podían realizarse en la vía pública. Generalmente es considerado un segundo trabajo, una manera de incrementar los magros ingresos que se tienen en el empleo tradicional. Sin embargo, para muchos se ha convertido en la principal fuente de ingresos o la única, y eso abre una serie de interrogantes sobre su viabilidad en el tiempo.
La economía de plataforma se divide en trabajos en línea, que son aquellos que se consiguen en sitios de Internet y empresas para participar de algún proyecto puntual donde no hace falta la interacción presencial. Esos trabajo son aprovechados por profesionales cualificados que realizan tareas de programación, diseño o servicios específicos para contratadores nacionales o extranjeros. En ese sentido, manejar el inglés es prácticamente una barrera de acceso. Suelen estar bien pagos, al menos en términos relativos, pues a contratadores extranjeros puede salirle más barato contratar en Argentina que en su propio país, mientras que para el trabajador argentino cobrar en moneda extranjera ya hace la diferencia.
Luego están los trabajos por ubicación, generalmente de transporte, como Úber, o de servicios de entrega. Estos tienen remuneraciones más bajas, además de implicar mayores riesgos: accidentes, robos, desgaste de equipos, pérdidas. Pueden ser realizados por trabajadores con baja cualificación, aunque cálculos de la Secretaría de Desarrollo Humano de Naciones Unidas estiman que, en nuestro país, para 2025, el 40% de estos trabajadores tiene título universitario. El mito del ingeniero taxista vuelve a aparecer.
Es conocido que el trabajo en plataforma tiene una serie de ventajas que hace que muchos jóvenes, estudiantes universitarios o adultos lo elijan: manejar los tiempos, ingresos de acuerdo a la dedicación, posibilidad de adecuarlo a los tiempos familiares. Es una ocupación compatible con las actividades de crianza y cuidado que generalmente siguen cayendo sobre las mujeres. Sin embargo, se calcula que solo el 38% corresponde a trabajo femenino por los problemas de inseguridad a las que quedan expuestas.
Este tipo de trabajo tiene otras debilidades, como las barreras para acceder a derechos laborales y la protección social. Los trabajadores de plataforma no tienen ni vacaciones, ni horas extras, ni cobran durante una enfermedad. Tampoco están cubiertos en caso de un accidente, de rotura del vehículo o robo. Se calcula que en América Latina el 52% no supera el salario mínimo. Gracias a lo que todavía permanece en pie de nuestro Estado de Bienestar, el trabajador argentino cuenta con la salud pública para ese 26% que no aporta ni a una obra social ni a un servidor privado. El 44% tampoco aporta a ningún sistema de pensión.
En los '90, cuando el cierre de fábricas expulsó a muchos trabajadores, estos invirtieron sus indemnizaciones en los negocios que aparecían en ese momento: remiseras, kioscos 24hs., parripollos. Con el tiempo, pocos pudieron sostenerse. El aumento de la oferta de trabajadores en línea no tiene su contrapartida con el crecimiento de la demanda de esos servicios, provocando menores márgenes de ganancia. Ese 6,6% es un número para interrogar más que para festejar.
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