Kulfas y el desarrollo en el centro de la contraofensiva contra Milei
Por Marcelo 'Chata' García
La peor política industrial es la que no se ejerce, apunta Matías Kulfas en su último libro: Producir en la nueva globalización. Hacia dónde va el tren del desarrollo y cómo puede subirse la Argentina, editado en junio de este año por Siglo XXI. El libro funciona bien como un Estado del Arte en las discusiones sobre políticas de desarrollo dentro de las Ciencias Sociales en general, y las Ciencias Económicas en particular. Posee la fortaleza de una trama y una organización que lo hacen fácilmente abordable al gran público no académico: militantes, industriales, trabajadores, profesores, etc., y presenta datos importantes para evaluar las diferentes perspectivas que se tiene del tema. Tampoco se priva, Kulfas, de plantear sus posturas personales, como uno busca que sean presentadas: directamente y sin rodeos; lo que invita no a asimilarlas acríticamente, sino a la discusión de ideas, y aclarar las propias propias.
El día después del desastre Milei, cuando haya que enfrentar el cierre de fábricas, el desfinanciamiento de la educación técnica, de las universidades, de los institutos de ciencia y tecnología, y nos veamos apremiados por la deuda externa, la precarización de la infraestructura, y de la situación social, deberemos tener ciertos consensos ya preparados sobre cómo volver a la senda de la producción. De ahí la importancia estratégica de este libro de divulgación. Nueve capítulos que parten de preguntas claras y que se responden con los debates internacionales sobre el progreso, la salida del subdesarrollo, el impacto de las nuevas tecnologías, la industria verde o la superación de las desigualdades. Cada capítulo culmina con la actualidad y pertinencia de esas discusiones en América Latina y Argentina.
Puede encontrarse los ecos de la concepción de desarrollo que propuso el economista indio y Premio Nobel, Amartya Sen, aunque no aparezca citado. Para Sen la cuestión no se reduce mecánicamente al crecimiento económico, sino que precisa una mirada sistémica que incluye la construcción de una sociedad con acceso a la educación, a la salud, a oportunidades de elegir un proyecto de vida que nos sea significativo y participar de la vida democrática y colectiva de la comunidad. Se nutre en los planteos de Joseph Schumpeter, en la rica herencia que ha dejado en toda una rama de los intelectuales argentinos Aldo Ferrer, o con las nuevas miradas propuestas, por ejemplo, por Thomas Pikettty.
El actual rumbo libertario de desmantelar el Estado está tan reñido con las estrategias actuales de los países avanzados, que entra -peligrosamente para nosotros- en contradicción con el intervencionismo y la planificación de esos países, a los que supuestamente quiere parecerse. Europa y EE.UU. tomaron nota del fracaso del neoliberalismo y la localización de las industrias en países asiáticos y apuestan a relocalizarlas. Esa disputa comercial con China y con todo el bloque Brics (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica), sumado a los movimientos de reshoring, nearshoring o friendshoring, abre también nuevas oportunidades si se tiene una política exterior pragmática y consciente de los intereses nacionales.
En ese sentido, el ex Ministro de Desarrollo Productivo sintetiza cuatro propuestas; aprovechar los recursos naturales para expandir nuestro encadenamiento productivo dentro de las Cadenas Globales de Valor, desarrollar una industria de elctromovilidad sostenible, modernizar los sectores industriales tradicionales, y facilitar la incorporación de las nuevas tecnologías, la IA, la industria 4.0 en las PyMEs para que mejoren su productividad y competitividad.
Se precisa entonces 'una estrategia industrial coherente, persistente y sostenible en el tiempo' (p. 127), como aquella que nos llevó a dominar la tecnología nuclear, la satelital o la biotecnología. Todo lo que en estos tiempos Milei está desmantelando o rifando al extranjero.
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