La delicada tarea de compartir cada minuto
Por Sonia Elisabeth Rubino
Y otra vez vamos buceando por una nueva historia de vida. Es sumamente gratificante como los vecinos de Chacabuco se disponen a contar como en una charla informal detalles de su vida personal y también económica.
Porque a pesar de vivir tantos años cerca, no siempre sabemos de qué hablan esas vidas.
Eso pienso mientras espero que lleguen quienes son pareja en su matrimonio desde hace 50 años y también comparten cada minuto en su negocio, la bulonera.
Norma Ciancio y Pablo Castelao me abren las puertas de su hogar y, de alguna manera, también la de su corazón.
Un mate se pone en marcha y ya nos ponemos a escuchar, a tratar de que cada relato que fluye no sea igual a otro, pero… ¿saben qué? nunca son iguales porque cada cual tiene su impronta, su propio sello y es mi tarea descubrir, destapar como a un buen vino, ese recipiente que guarda cada recuerdo y se va derramando en la copa para poder compartir.
¿Pablo, cómo comienza tu vida laboral?
'Cuando terminé la escuela, empecé a andar de acompañante de mi hermano que era camionero..'
¿Tu hermano tenía camiones?
'Sí, sí. Cuando tuve la edad, compramos otro camión y anduvimos en un camión cada uno.'
¿Seguiste con el camión?
'No, puse un chofer y trabajé en la fábrica de premoldeado de Castelao-Golía." Ahí arrancamos con él y trabajamos juntos mucho tiempo hasta que nuestros hijos se hicieron grandes. Compramos el local y puse una bulonera.'
¿Cuánto hace de esto?
'Hace mucho, 38 años. Después vinieron a trabajar los chicos con nosotros y gracias a Dios va bastante bien, porque al estar ellos que atienden y yo ya estoy medio viejo, me viene perfecto que ellos trabajen con nosotros'
¿Cómo es eso de trabajar y vivir juntos 50 años?
'Somos bendecidos por poder hacer juntos cosas como trabajar, vivir el día a día, viajar y compartir una familia hermosa con dos hijos y seis nietos.'
¿Al estar al frente del negocio sus hijos se relajan un poco?
'Y si, trabajamos en familia. También con nosotros está una de mis nueras y se convirtió en un comercio familiar.'
¿Cómo te trataron los diferentes gobiernos, las diferentes etapas? ¿Con cuál te sentiste que estaban mejor?
'Yo nunca me metí en política, nada. Siempre pensé en poder mejorar, a veces más, a veces menos.
El negocio siempre fue para adelante.Ahora con las fiestas no se vende tanto, pero viene mucha gente del campo y se necesitan repuestos. El otro día a las seis de la mañana me vino a buscar un cliente para que lo atienda porque había roto la máquina.'
Estamos frente a la cosecha del trigo, ¿cómo la ves?
'Si, creo que va a andar bien el trigo. Tiene que ver mucho de cómo viene el tiempo, como viene la lluvia. Hasta ahora se avizora una buena cosecha.'
¿Trabajan con muchos proveedores?
'Estamos llegando a muchos proveedores. Cuando empezás no te visitan o te visitan a menos porque no saben si vas a trabajar bien o no. Y ahora ya tenemos un equipo de gente que va y si nos falta algo se puede pedir'
¿Sentiste alguna vez que no podían?
'No, no. Somos económicos. Nos cuidamos, no se despilfarra y eso también hace la diferencia.
Norma, mi señora una vez dijo que estaba muy cansada y no iba a ir más. Le dije que se quedara, que ya habíamos cumplido nuestra etapa. Se quedó en casa medio día y volvió al negocio..'
¿Sentís que dejas un legado a tu familia?
'Mis hijos están con nosotros, mis nietos estudian, tengo una nieta que pronto será doctora. Creo que hemos hecho un largo camino y ahora recogemos los frutos.'
¿Empezaron con poquito?
'Fue así, al separarnos con Golía en el negocio de premoldeados vino un hombre que tenía una bulonera acá, no me acuerdo el apellido, y nos comentó que vendía todo.
Por eso nos inclinamos a poner una bulonera. Así empezamos.'
¿Hay una conducta ahí que se traslada a los hijos?
'Es una gran enseñanza que traigo desde mis raíces y trato de generar en ellos.
No es fácil tener un negocio, a veces te complica la vida un montón. Nosotros pusimos la bulonera sin saber nada y después te encontrás con muchas cosas distintas, cantidades de bulones que precisás, vendemos herramientas también y hay que conocer.
Es así que despacito los chicos se van metiendo en el ramo porque vos ponés a alguien a vender bulones y no cualquiera lo puede hacer. Hay que tener cierto conocimiento. Y la cantidad de bulones que hay que comprar porque te viene un estanciero y pide 500 bulones de una clase y no podés tener mil de cada clase.'
¿Te ha pasado eso?
'Si. Hubo veces que no había stock pero los proveedores que nos conocen nos abastecen rápidamente. Los llamamos por teléfono y al otro día mandaron el pedido.
Eso se logra con el conocimiento y la experiencia..El proveedor que conoce, que sabe que no le fallamos. la confianza mutua, la confianza de familia. Eso se trabaja con los años, porque nunca se podría hacer de un día para el otro.'
¿Y ahora van a colaborar?
'Ya los chicos están grandes , se hacen cargo, ya manejan todo, nosotros somos como empleados. Los ayudamos , vendemos y todo, pero se manejan ellos.
Además, nos gusta mucho ir. Estar en la casa todo el día no está bueno, la televisión también es un engaño porque no te deja pensar, otra trampa, así que ahí te tomás un mate, charlamos con los clientes, es un pasatiempo porque gracias a Dios les va bien, y eso es lo importante'.
¿Les gusta salir de vacaciones?
'Mucho, cuando los nietos eran chiquitos íbamos en una combi doce adentro y lo disfrutamos mucho. Y cuando cumplí los 80, los chicos me comentaban acá que querían hacer una fiesta porque lo ameritaba pero yo me quedé un rato pensando y les pedí hacer un viaje como antes cuando iban todos. Y así fue mi festejo de los 80. Los doce y más dos novias, catorce fuimos a Córdoba y fue un disfrute total.
Cuando los nietos eran chiquitos todos los sábados nosotros salíamos con los 6 y después venían a dormir a casa.
Después los chicos fueron creciendo pero siempre se disfruta en familia.'
¿Alguna anécdota, algo que te haya pasado y ahora te quedó el recuerdo?
'Me pegué un tiro en la panza. A mi no me gusta cazar, nunca me interesó pero una noche vino mi cuñado y un amigo con el plan de ir cazar una o dos liebres y después hacernos un festín. Yo manejaba y cuando cazaron dos liebres nos vinimos a la fábrica.
La cosa es que uno de ellos puso la escopeta debajo de una mesa con muchas patas pero la había dejado cargada. Entonces yo la agarré del caño para sacarla y se disparó.
Me perforó el intestino, terminé con un agujero en la panza. 50 centímetros de intestino me sacaron y estuve 25 días de internado.
Recién llegaba Jorge Di Nápole a Chacabuco. ¡Una garantía! pero yo no lo conocía y el tema era delicado. Norma estaba embarazada de nuestro segundo hijo..
La pasamos mal, todo lo que sea intestino es complicado. Pero ya pasó, eso quiere decir que me tenía que quedar acá para seguir laburando.'
¿Algún hobby?
'Corrimos como cinco o seis años más en carreras de regularidad. Los dos. Mi señora con el cronómetro y tenemos algunos trofeos que hemos ganado juntos'
¿Son muy compinches?
'Si, nunca discutimos, hacemos todo juntos incluso cuando casi nos matamos buscando donde comer chivito'
¿Cómo fue eso?
'Era un cruce de ruta y ninguno de los dos se dio cuenta porque estábamos buscando un restaurante. No fue una tragedia de milagro. La verdad es que el Cura Brochero nos protegió.
Apenas un centímetro y las ruedas del camión las tenés encima. Las ruedas pasaron raspando. Ahí tenés la pauta que cuando te tiene que pasar, te va a pasar. Nosotros tenemos cuidado y yo voy mirando, vamos mirando los dos para todos lados, vamos despacio. Pero a veces no alcanza.
Fue un segundo que nos distrajimos, los dos entretenidos .El camionero nos tocó la bocina y yo tuve los reflejos de clavar los frenos. Norma decía que nos había tocado pero si eso hubiera sucedido, nos hacía pedazos. ¡Un milagro!'
¿Piensan seguir en el negocio?
'Hasta que nos dé el físico. Hasta ahora podemos. Hace 50 años que nos casamos. Ahora en enero cumplimos 51. Y estamos 24/7.
Sin embargo, nos llevamos bien. Cuando me operé en Buenos Aires había una enfermera macanuda que me preguntó cuál era el secreto.'
Y yo creo que el secreto está en el motorcito que provee el amor y el compañerismo.
Enfrentar los problemas, ver a la vida con los mismos lentes, saber cómo actuar ante la impronta del otro y sobre todo, confiar.
Llegar juntos a casa, planeando el futuro sin olvidar el trayecto recorrido y caminando como hace casi 51 años, de la mano y siempre juntos a la par.
¡Gracias Norma y Pablo!
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