La rueda de la vida
Por Sonia Elisabeth Rubino
Atravieso la ciudad en busca de una charla pendiente. El calor es intenso y me pregunto si hay gente trabajando en la vereda del sol.
La cosa es que no todos nos podemos dar el lujo de elegir y estos últimos días de noviembre la tarde está más furiosa que nunca.
Es inevitable presentarnos ante nuestro entrevistado sin tocar el tema. Es como un saludo previo al saludo.
A veces pienso qué sería de nosotros si no existiera el frío, el viento, la lluvia o el calor para entrar en confianza y poder hablar con soltura.
Y por ahí nos da una mano la bendita coincidencia y damos en la tecla. Y nos encontramos hablando de lo fuerte que está el sol, y lo duro que será el verano, palabras más, palabras menos que nos ayudan a entrar en el tema.
En la vereda se mantiene estoico el bicicletero, justo frente a la plaza y eso da un respiro a la pesada jornada.
Y junto a las bicicletas en reparación, Nicolás sigue trabajando mientras que Pedro González, su papá, me saluda cordialmente.
Y ahí nomás comienza la charla que fluye como si hubiera dejado mi bicicleta en arreglo y la espero para seguir.
¿Cuánto hace que está la bicicletería?
'Hace 68 años más o menos.'
¿Comenzó tu papá?
'Así es. Mi padre se llamaba Pedro también. Ya falleció y hoy tendría 100 años.'
¿Siguieron ustedes?
'Nosotros somos tres hermanos.Primero andábamos los tres dando vueltas y después uno se fue a estudiar y hace 58 años que vive en Luján. El segundo se fue a trabajar a otro lugar y acá quedé yo.'
¿Ya de chiquito familiarizado con el oficio?
'Primero tuve un negocio justo al lado, un mercadito, pero siempre estaba ayudando a mi padre y andaba, ya de niño con todo lo que sea arreglos de bicicletas.'
¿Nunca te fuiste del barrio?
'Nunca. Siempre acá. Entonces, un día, hace 40 años mi padre dejó de estar al frente del negocio pero estaba siempre ligado al incremento de la bicicletería a la par mía.. Él vivía acá, donde yo vivo ahora y cuando estaba muy tapado de trabajo y estaba solo, él me ayudaba. Era al revés, él me daba una mano a mi. ¡Esas cosas de la vida! Era policía jubilado'
¿Se convirtió en tu actividad de alguna manera?
'Si, y soy bombero voluntario también. Me jubilé con 30 años de servicio y cuando tocaba la sirena, como me tenía que ir, mi papá salía de adentro y se quedaba Falleció a los 80 años, cumplía 80 años el día que murió.'
¿Se extraña?
'Si, fue muy duro y de un momento para otro se fue. El 2 de julio cumplió 80, era un día domingo. Le hicimos una fiesta hermosa y estaba felíz, se bailó todo y disfrutó mucho ese día, que por cosas del destino fue su último día rodeado de su gente.
Cuando estaba terminando la fiesta venía caminando y se cayó muerto en pleno festejo.
El 2 de julio nació y el 2 de julio murió.
A poco tiempo se fue mi mamá. No lo superó.Son dolores muy fuertes, duelos eternos.'
¿Te quedaste solo en el taller?
'Siempre tuve muchos chicos aprendices que trabajaron conmigo. Tuve chicos que ahora son médicos, chicos que ahora son grandes profesionales, policías, entre otras ocupaciones.
Estudiaban y trabajaban conmigo. Ya ni me acuerdo cuantos, pero fueron muchos.'
¿Qué diferencia hay ahora con las bicicletas de hace unos años?
'La bicicleta era un medio de transporte, antes se trabajaba con esa bicicleta antigua que había. Ahora todo va evolucionando, si bien la gente grande sigue andando en su bicicletita vieja .
Desde los 55, 60 años, las mujeres principalmente andan en bicicleta playera como las que venían antes.
Ahora salieron las bicicletas que son rodados 29 con la que sale la gente a pedalear o se hacen las carreras. Hay mucha variedad y mucha calidad en ese producto.
Había mucho trabajo en reparaciones. Y en una época traje los motorcitos que venían y se los ponía a la bicicleta.'
¿Cómo es eso?
'Sí. Le poníamos los motorcitos en la bicicleta. Yo te hablo de hace 20 años atrás.
Uno de mis hermanos fue a China, me llamó y me dijo: 'Te compré unos motorcitos para poner en la bicicleta.' Yo no quería saber nada, me trajo 40 motores y los vendí a todos.
Le he puesto a la bici tradicional y a la de tres ruedas. Ahora son más modernos, se van perfeccionando las cosas.
No nos dedicamos mucho a esas cosas muy sofisticadas, en realidad trabajamos con la bicicleta más común, lo que viene lo hacemos.
Actualmente han abierto muchas bicicleterías nuevas, pero estamos bien.'
¿Vas a seguir por mucho tiempo o se queda Nicolás?
'Yo estoy siempre dando una mano a mis hijos y cuando Nico me necesita acá estoy, acá vivo también.
Hemos pasado tiempos difíciles, durante la pandemia perdí a una hija y me quedan los nietos.'
¿Algún hobby por ahí?
'Me gusta mucho el boxeo y he jugado al fútbol. Estuve en varias comisiones de clubes y de escuelas también. Eso me gusta mucho.
Acá viene mucha gente de las carreras y el deporte. Nunca faltan los temas, las anécdotas ni las charlas.
No me interesa tirarme en una cama a ver como pasa la vida.
Yo por ejemplo ahora no sé dónde están los repuestos porque se que anda Nicolás. No sé tampoco cómo están acomodadas las cosas. Pero nos llevamos bien, labura todo el día, no descansa, es imparable, pero solo tampoco se puede aunque se va a tener que acostumbrar pronto.
Mi papá trabajaba en seguridad privada, se jubiló y después vivía acostado o miraba televisión.'
¿Qué le dirías a tus hijos?
'Hay que trabajar y tienen que luchar para tener algo pero también saber disfrutar.'
¿Te sentís realizado?
'Tuve la suerte de haberme hecho mi casa, tengo mi autito, ayudo a mis hijos y también a mis nietos que están estudiando.
Y con eso soy feliz, porque siempre mi papá me decía, vos tenés que tener un lindo autito, una linda casita, ayudar a tus hijos, sin tanta ambición. Eso hago y me siento afortunado.'
Los vecinos pasan y alguno se queda a charlar, vienen los clientes y siempre surge un comentario.
Durante la entrevista Nico nunca dejó de trabajar y apenas le robé una foto.
Hay un salón donde se guardan bicicletas y repuestos, antiguamente allí funcionó el mercadito de Pedro mientras aprendía junto a su papá el oficio que hoy los une. Y también está el taller propiamente dicho.
Pedro, ya jubilado de bombero voluntario, recuerda con nostalgia las jornadas de guardia, las charlas y los momentos vividos en el cuartel.
Le gustaba estar allí aún cuando no había siniestros y conoce cada paso y cada tranco a la hora de correr.
Nunca le van a faltar anécdotas de esa época donde y según sus palabras, hay que dejar todo y salir.
Sus silencios también me cuentan de su historia y su rostro me da señales de que cada recuerdo quedó grabado justo allí.
Haber perdido a su hija a causa de la pandemia lo hace fuerte ante la tarea de cuidar y proteger a sus nietos que ya no tienen a su mamá.
Es que de eso se trata la vida. Y tal vez de esa manera insiste en seguir con la rutina que adquirió hace más de seis décadas, jugando a ser bicicletero y aprendiendo el oficio de la mano de su papá.
Cada uno de sus consejos sigue vigente e intenta que sea un lema entre los suyos.
En un lugar de Chacabuco es donde encuentro la foto del paisaje donde vive y trabaja una familia que hizo de su día a día un oficio, una actividad heredada de su padre, del abuelo, que les dejó entre estantes y repuestos, secretos muy bien guardados así como las herramientas para poder ser felíz con lo que la vida nos da .
Aceptar la partida de una hija está muy lejos de reparar una goma o resolver el daño de un pedal. Pero le da cada día la manera de seguir adelante pensando en los que quedan y necesitan de él.
Y tras un saludo amable,un pedacito de tarde, apenas la brisa suave, me acompañan caminando por la vereda del sol.
¡Gracias Pedro!
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