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Un concurso de maíz que quedó en la historia

17/10/2026
Un concurso de maíz que quedó en la historia

En el segundo semestre de 1924, el Ministerio de Agricultura de la Nación impulsó una iniciativa que generó entusiasmo entre los productores del partido de Chacabuco: la realización de un concurso de maíces. Más allá de la competencia, el objetivo del certamen era estimular el perfeccionamiento de los cultivos y reconocer el empeño diario de quienes hacían fructificar la tierra en una época de plena transformación productiva.
Para llevarlo adelante, se constituyó una comisión zonal de propaganda y organización conducida por figuras destacadas del ámbito social y productivo. Su presidente era Acacio Rodríguez, acompañado por José J. Vidaurre como secretario, Ángel Espinosa como tesorero y doce vocales. La comisión contó además con el asesoramiento técnico del ingeniero agrónomo Francisco J. Fernández.
Cuenta el profesor Oscar Melli que en junio de aquel año el cuerpo organizador lanzó un caluroso manifiesto dirigido a las familias campesinas de la zona, convocándolas a enviar mazorcas de diversas variedades -polenta, canario, amarillo, morocho y norteamericano, entre otras- para garantizar el brillo del certamen.
El broche de oro de la iniciativa tuvo lugar el 2 de agosto de 1924 en el Teatro Español. La jornada comenzó a las 13:00 horas, cuando un conjunto de alumnos de la Escuela N° 1, luciendo sus tradicionales delantales blancos, entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino. Acto seguido, Rodríguez brindó un emotivo discurso de homenaje a los precursores de la agricultura zonal, tanto a los antiguos pobladores nacionales como a los inmigrantes europeos arribados entre 1874 y 1880, destacando que el concurso buscaba recompensar el sacrificio de los hombres y mujeres del campo.
Posteriormente, la voz de los productores resonó con fuerza a través del colono Amílcar Farina, quien pronunció una encendida arenga que culminó con un enfático grito de '¡Guerra a muerte al latifundio!'. Finalmente, el ingeniero Fernández cerró los discursos exhortando a optimizar las técnicas agrícolas e incorporar la explotación de granja.
Luego se dio a conocer el veredicto del jurado, que dictaminó que los ganadores de las distintas categorías fueron los siguientes:
*Maíz Canario: primer premio y medalla de oro a Juan Boero.
*Maíz Cuarenteño: primer premio a Jacinto Moss.
*Maíz Amarillo Común: primer premio a Diehl, González y Oliver.
*Maíz Morocho: primer premio a Antonio Sarlo.
*Maíz Colorado Común: primer premio a Adán Méndez.
*Maíz Rex Long: primer premio a Gregorio Villafañe.
*Maíz Pisingallo: primer premio a Juan Sartore.
También resultó premiado en otras variedades José V. Lastra. Además, hubo reconocimientos para Ferraresi Hnos., por haber presentado la mejor semilla; a Juan Maggi, por mejor  rendimiento, y por su condición de antiguos y buenos colonos fueron distinguidos Antonio Rivas y Sebastián Nicola.  
Otros agricultores de Chacabuco también se destacaron en un concurso regional de cereales que se realizó en 1928 en Junín, organizado por el gobierno provincial. En esta competencia, Juan José Lupo, afincado en la zona de la Estación Villafañe, Francisco Russo y Domingo Blaiotta consiguieron el primero, segundo y tercer premio en la categoría Trigo Universal. En tanto, en Trigo Récord el premio principal fue para Boero Hnos.; en Trigo San Martín el primer premio fue para Martiniano y Domingo Cuozzo, en Trigo Vencedor se impuso Adán Méndez y en trigo Marquis obtuvo una mención especial el señor Marcos Conti.
El profesor Melli señaló que estas competiciones agrícolas se dieron en un tiempo en el que el proceso de la mecanización agrícola avanzaba con rapidez. En efecto, la introducción de tractores y cosechadoras era continua y ya aparecían los camiones para transportar cereal a molinos y estaciones.
Una de las más nuevas y controvertidas innovaciones que se dio en esa época fue la introducción de máquinas juntadoras de maíz, a las que se veía como una amenaza a la labor manual que en cada cosecha realizaban miles de trabajadores, muchos de los cuales tenían en tales faenas la fuente principal de sus escasos ingresos.

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