Venezuela: reacciones en las Redes e interrogantes:
Por Marcelo "Chata" García
EE. UU. está dispuesto a cualquier cosa con tal de recuperar la primacía absoluta en la globalización frente al avance de un mundo multipolar con otros actores disputando su centralidad. Una de sus estrategias es intervenir en la política de los países latinoamericanos, ya sea reconociendo elecciones amañadas, como en Honduras; mediante el chantaje económico, como en Argentina; o con la invasión militar directa, como en Venezuela. En la actualidad, las guerras se viven por las redes sociales, donde imágenes y noticias -verdaderas o falsas-, opiniones fundadas y chicanas políticas, muestras de solidaridad y repudio o memes y odios compiten por nuestra atención. El bombardeo en la madrugada del 3 de enero comenzó a circular casi en forma inmediata y despertar distintas reacciones.
Fue la peor noticia para comenzar el año, aunque respeto a los migrantes venezolanos -exiliados o autoexiliados, de festejar el fin del gobierno de Maduro, pues forma parte de sus discusiones internas. Más allá de eso, nada parece augurar una Venezuela libre y democrática. Donald Trump fue claro en su discurso. Por un lado, fundamentó el secuestro del presidente Nicolás Maduro en acusaciones de narcoterrorismo, y lo someterá a juicio bajo jurisdicción norteamericana, aunque nadie espera demasiadas garantías jurídicas. Estados Unidos viene ejecutando civiles en aguas del Caribe hace meses sin presentar prueba alguna sobre su relación con el narcotráfico. Tampoco muestra que esté bajando el consumo de drogas en su país, si eso es algo que les importe en serio.
Por otro lado, se arroga la autoridad de dirigir los destinos políticos de Venezuela 'hasta que estén dadas las condiciones de devolverles la democracia'. Sin embargo, una cosa es realizar una incursión armada y otra la gobernanza, es decir, controlar y organizar la burocracia, los servicios y las normativas que rigen la vida cotidiana social, económica y productiva de un país bajo ocupación. Orden que precisa si quiere alentar a las empresas a invertir en la extracción de petróleo, gas y minerales. Es ahí donde aparecen las especulaciones sobre Delcy Rodríguez como la sucesora de Maduro, más allá de la retórica antiimperialista de sus primeras apariciones públicas. A nadie se le escapa por las imágenes que circularon que la operación no tuvo resistencia y los helicópteros se paseaban por el cielo de Caracas con absoluta impunidad. Los días echarán más luz sobre pactos y traiciones.
Pero el hecho más alarmante es la ruptura con el derecho internacional generando un precedente sumamente riesgoso. Asistiremos en estos días a comprobar si las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad tienen alguna razón de ser o entramos en una etapa de mayor inestabilidad internacional y riesgo de conflictos armados. El unilateralismo norteamericano rompe la confianza que precisa las relaciones internacionales incluso para aliados como Europa, donde Dinamarca ve cada vez más real la amenaza de Trump de apoderarse de Groenlandia. ¿Podría romperse o desintegrarse la OTAN? El entramado geopolítico se vuelve más complejo e inestable y la mayoría de los escenarios dan poco espacio para el optimismo. A EE. UU. pareciera que sólo puede frenarlo una confrontación -o el riesgo persuasivo de ella- con China y Rusia; una cruzada institucionalista que le genere sanciones con Europa a la cabeza, o que el despertar democrático de su población produzca un cambio en su política internacional.
Tras el ataque y el secuestro de Maduro, los ingenuos festejos de la dócil y sumisa tropa libertaria no se hicieron esperar. No obstante, tampoco es claro cómo puede afectar la apropiación de los yacimientos venezolanos al mercado de los hidrocarburos, teniendo en cuenta que Vaca Muerta (sobre la que el gobierno de Milei pretende sostener la timba financiera de Caputo), al requerir una tecnología muy cara para extraer gas y petróleo, precisa que los precios internacionales permanezcan altos para atraer las inversiones.
En definitiva, Venezuela no ha quedado libre sino bajo dominio norteamericano y al borde de la guerra civil. Toda América Latina y el Caribe queda a merced de las amenazas que Trump ya les hizo a México, Colombia y Brasil. Y a nosotros también nos tocará defender nuestros recursos naturales.
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