A 161 años del decreto de fundación del pueblo Guardia Nacional
Hacia mediados de la década de 1860 la provincia de Buenos Aires se encontraba en una etapa crucial de transformación institucional y territorial. En un contexto marcado por la consolidación del Estado nacional tras la Batalla de Pavón y el imperativo geopolítico de afianzar la frontera interior, la administración provincial encabezada por el gobernador Mariano Saavedra emprendió la tarea de ordenar jurídica, administrativa y socialmente la vastedad de la campaña bonaerense.
El hito normativo que dio inicio a esta profunda reestructuración fue la sanción de la Ley de División de la Campaña, promulgada el 24 de febrero de 1865. Hasta ese momento, las jurisdicciones rurales de la provincia respondían a divisiones informales que habían quedado completamente desfasadas frente al constante aumento demográfico y al dinamismo económico ganadero y agrícola. La ley de febrero trazó los nuevos límites jurisdiccionales al interior de la línea de la frontera, disponiendo la creación y delimitación formal de 27 partidos en la provincia.
Aquella norma legal reorganizó el mapa bonaerense dividiendo la campaña en cuatro secciones territoriales. Entre los distritos que emergieron de esa ambiciosa ley se encontraban Chacabuco, Lincoln, Suipacha, Rauch, Ayacucho, Balcarce, Nueve de Julio, Tapalqué, General Alvear, Castelli, Moreno, General Las Heras, Necochea y Mar Chiquita.
Esa ley sancionada en el verano de 1865 estableció la arquitectura legal de los partidos, pero no determinó la ubicación exacta ni la traza urbana de los pueblos que debían funcionar como sedes político-administrativas de esas jurisdicciones. Esa tarea reglamentaria requeriría una sucesión de decretos específicos del Poder Ejecutivo a lo largo de los meses siguientes.
Fue en ese marco reglamentario en el que se inscribe el decreto firmado el 5 de agosto de 1865 por el gobernador Saavedra y su ministro de Gobierno, el doctor Eduardo Costa. Este documento histórico focalizó su atención en la organización física e institucional del partido de Chacabuco -cuyo nombre rendía homenaje a la victoria patriota lograda por el Ejército de los Andes en 1817- y dispuso la creación y mensura de su pueblo cabecera.
Un aspecto central del decreto del 5 de agosto residió en el espíritu de reconocimiento social y militar que motivó la distribución de sus tierras. El articulado fundamentó que la adjudicación de parcelas y solares urbanos tenía por objeto 'premiar el patriotismo, abnegación y constancia de los oficiales y soldados de la Guardia Nacional de la provincia', en mérito a los servicios prestados durante los prolongados años de servicio militar en la defensa de la frontera y en los conflictos institucionales de la época.
En su texto dispositivo, el decreto dispuso que la nueva población cabecera llevaría formalmente el nombre de Guardia Nacional, rindiendo tributo directo a esas milicias. El Departamento Topográfico provincial recibió la orden de proceder en forma inmediata a la mensura, amojonamiento y trazado del plano de la planta urbana, garantizando la reserva de terrenos estratégicos alrededor de la plaza principal para la edificación de las instituciones públicas indispensables: el Juzgado de Paz, el templo parroquial, la escuela pública y el destacamento de policía.
Las tierras adyacentes a la traza urbana fueron organizadas metódicamente en solares, quintas y chacras, con el fin de promover la agricultura familiar y fijar una población estable sobre el territorio, superando la precariedad habitacional de la época. Aunque el pueblo nació oficialmente con el nombre de Guardia Nacional, con el correr de la década la denominación del partido -Chacabuco- terminó imponiéndose también de manera natural y progresiva en el uso cotidiano de sus vecinos y en los documentos oficiales, consagrando el nombre que perdura en la actualidad.
Si bien el decreto del 5 de agosto de 1865 representó el acta de nacimiento formal del trazado urbano de Chacabuco, deberían pasar seis meses para que las tareas de delineación y amojonamiento comenzaran a concretarse. Efectivamente, fue el 5 de febrero de 1866 el día en que el agrimensor Justiniano Lynch, que había sido designado por el Departamento Topográfico, arrancó con las tareas de mensura, las cuales tuvieron algunos contratiempos, pues el lugar que había sido inicialmente proyectado como el centro del pueblo era una zona de cañadas situada en cercanías de donde hoy se encuentra el Club River Plate. Eso obligó a redireccionar los planes y así se llegó a las tierras en las que hoy está la plaza San Martín. Allí fueron clavados los primeros mojones de ñandubay.
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