Agro: luces y sombras
Durante el mes de agosto la liquidación de divisas del sector agroexportador alcanzó los 2.750 millones de dólares, impulsada por la fortaleza de los embarques de maíz y una mayor fluidez en las ventas de los productores. Este flujo eleva el acumulado anual a 19.047 millones de dólares. La cifra representa una caída del 12% en comparación con el mismo período del año anterior, pero el escenario actual debe leerse con cautela: 2026 se encamina a ser una campaña normal, sin las distorsiones ni los esquemas temporales que alteraron la comercialización en 2025.
Las proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario aportan un optimismo fundado en volúmenes históricos. Con una estimación de cosecha total que rozaría las 160 millones de toneladas, se prevén récords significativos en trigo y maíz. Este salto permitirá compensar la disminución en las alícuotas impositivas y promete un ingreso global que rondaría los 34.500 millones de dólares en el Mercado Libre de Cambios para todo el ciclo.
En ciudades como Chacabuco, donde el latido de la economía local está ligado al esfuerzo del productor y a la prosperidad del suelo, estas cifras reafirman el rol del sector como motor indiscutible del desarrollo nacional.
Pero los números por sí solos no resuelven las deudas pendientes. Esos miles de millones de dólares que el campo aporta al país deberían servir para un mejoramiento de la situación económica general y de la calidad de vida de los ciudadanos. Resulta indispensable un Estado nacional eficiente, capaz de administrar con responsabilidad y visión de futuro esos valiosos recursos.
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