'Es súper importante que se hable de apicultura y que las puertas de los campos estén abiertas para todos'
Así lo manifiesta la ingeniera agrónoma(UNLP) Ada María Kling, quien además de asesorar productores, es socia de la Cooperativa Apícola Chacay uf-co Ltda. de Chacabuco, donde también se desempeña como asesora. Con ella dialogamos sobre diferentes aspectos de la apicultura y del XVII Congreso Latinoamericano de Apicultura que se realizará en agosto, en Mar del Plata.
Para Kling la apicultura fue el eje de su tesis universitaria y sigue siendo un aspecto central en su vida profesional, ya que, además de tener sus colmenas, es docente en el Centro Profesional N° 401 y en la Extensión Áulica de la UTN en Chacabuco, donde enseña sobre esta actividad. 'En el ámbito de la sociedad la apicultura es una actividad que nos tiene que importar, no sólo a los productores, no sólo a los gobiernos, sino también a la población en general', asegura, y explica: 'las funciones y los servicios ecosistémicos que brinda la abeja son muy importantes para el desarrollo de nuestras generaciones futuras, así que es un tema de agenda para todos'. 'La apicultura colabora con la polinización de todos los cultivos que son nuestros alimentos; es súper importante que esto se hable, que se hable de los apicultores y que las puertas de los campos estén abiertas para todos', añade Kling.
-¿Cómo está hoy, en general, esta producción?
-La actividad pasa por dos momentos importantes: si bien se perdió bastante algo muy particular que tenía la producción, que era transmitida de generación en generación, como es mi caso, lo que hace que ya se hayan perdido muchísimos apicultores y muchísima cantidad de colmenas a nivel nacional, por otro lado están surgiendo productores nuevos que por ahí no tienen tanta vinculación con la apicultura.
-¿Por qué se rompió esa cadena de transmisión generacional?
-Motivos hay varios, pero no podemos dejar de mencionar el económico. Hoy, para que ustedes se den una idea, tendríamos que estar teniendo en el mercado argentino un valor mayor a los 8.500 pesos por kilo como para cubrir los costos de la producción y generar un margen de ganancia, pero eso no se está obteniendo. Más o menos, se sacan unos 7.000 pesos por kilo de miel, o algo por debajo de eso.
-O sea, es difícil vivir de la miel…
-La apicultura es considerada como una segunda actividad económica. Hay muy pocos productores que la tienen como principal actividad económica, y para eso tienen que sacarle todos los subproductos que se conocen: propóleo, cera, algo de material vivo; digamos que tienen que complementar con el resto de los productos que ofrece la colmena, y eso obviamente demanda equipamiento, y demanda mucha más mano de obra.
-¿De dónde sale el precio de la miel? ¿Quién lo establece?
-Es un precio que no tiene, como en el caso de la carne vacuna, un mercado concentrador de referencia. Si bien el INTA, a través del Programa Nacional Apícola, y el Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense publican mes a mes el precio que se fue consiguiendo en los diferentes lugares de la Argentina, no hay un valor regulado por el mercado o por el Estado. Este precio también está atado al precio internacional y a los acopiadores: viene el acopiador y ofrece un determinado valor. Acá hay solo una federación que exporta (la Federación de Cooperativas Apícolas), y después son exportadores privados como NEXCO S.A. o ACA. Entonces, el precio está atado a ese circuito. También hay algunos parámetros físico-químicos que determinan el precio, como el HMF, o el color: si es más clara aumenta el valor, si es más oscura baja.
-¿Es certero el dato sobre que el 90% de la producción de miel argentina se exporta?
-Sí, es así. Si bien no hay un control exacto del consumo interno, es algo que se estima a nivel nacional, y algunos productores piensan que es un poco más, la verdad es que entre el 80% y el 90% se exporta.
-¿Consumimos poca miel los argentinos?
-Sí, consumimos poca miel.
-Se dice que la provincia de Buenos Aires produce la mitad del total nacional. Nuestra zona, el noroeste bonaerense, ¿Qué aporte hace?
-La apicultura en nuestra zona está muy asociada a la flora, que en nuestro caso son los pastizales y la pradera: el trébol, el cardo, el lotus, el melilotus, que son cultivos asociados a la ganadería. Al achicarse la ganadería en esta zona, particularmente ese desplazamiento se dio por el reemplazo por el monocultivo de soja, porque son campos con una actitud de suelo muy buena, y justamente la soja es un cultivo que se autofecunda, no necesita polinizadores, no requiere polinización, bueno, todo eso ha hecho que hoy el productor apícola no encuentre campos en donde pueda obtener una producción aceptable, o directamente no encuentra propietarios que les permitan acceder al campo para poner las colmenas. Por otro lado está toda la cuestión del uso de insecticidas y demás, por lo que hay que tener un cierto cuidado e implementar algunos recaudos cuando se llevan las colmenas al campo. Entonces, al bajar mucho la pradera, bajaron los kilos de miel que se conseguían antes. En la Cooperativa de Chacabuco hay recuerdos de haber sacado 60, o 70 kilos por colmena por año. Este último año, que no ha sido malo, estuvimos más o menos en 20 kilos por colmena. Es decir, en treinta años, ni siquiera se consigue la mitad de lo que se producía.
-¿Qué dimensión tiene la cooperativa de Chacabuco? ¿Cuántos productores son, cuánta miel producen?
-La producción es muy variable dependiendo del año. Podemos sacar unos 3.000 kilos por año pero, por ejemplo, en la sequía de 2022-2023 estuvimos muy por debajo: sacamos apenas unos 5 kilos por colmena; depende mucho de cómo venga el año. En cuanto a los productores, actualmente la cooperativa está formada por doce apicultores, y con respecto a la cantidad de colmenas también varía: hay productores de 600 o 700 colmenas, y hay productores más chicos, de 200 colmenas. Ahora estamos en expansión. Cuando empecé a asesorar, en 2023, había unas cuestiones legales que no estaban al día desde hacía tiempo, como la matrícula y demás, entonces primero tuvimos que hacer todo un trabajo para adecuar esa parte legal y poder operar como cooperativa; eso lo pudimos conseguir en 2025. También tenemos la sala de extracción, donde tenemos alrededor de 50 mil dólares en maquinaria. Calculá que amortizar eso, siendo un productor individual de 200, o 300 colmenas sería imposible. Y también incorporamos el fraccionamiento, para lo que estamos haciendo todos los requisitos legales; el objetivo es vender la miel fraccionada y así obtener un mejor ingreso, que es el valor con el que se queda el acopiador, el intermediario.
-Recientemente se anunció que la provincia de Buenos Aires será sede -del 31 de agosto al 6 de septiembre- del XVII Congreso Latinoamericano de Apicultura. ¿Qué importancia tiene esto?
-La verdad, que el Congreso se haga en la Argentina es súper importante porque se hace cada dos años, y que nos haya tocado ahora es muy bueno. Yo y otra colega apicultora de Chacabuco ya tenemos el pase para ir. Ahí principalmente se encuentran la ciencia y la tecnología, y después, a través de los extensionistas, eso llega a los productores. Además, se va a hacer en Mar del Plata, donde está el Centro de Investigación en Abejas Sociales (CIAS) -de la Universidad Nacional de Mar del Plata- que es muy reconocido a nivel mundial, entonces a nosotros nos para frente al mundo para mostrar cómo venimos con nuestras investigaciones, con nuestros avances en ciencia y tecnología, no sólo para la Argentina, sino para el resto de Latinoamérica. También es una muy buena oportunidad para encontrar nuevos mercados.
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