'¿Para qué sirven las Naciones Unidas?'
Por Gustavo Porfiri
El título de esta nota es una frase pronunciada hace 47 años en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en New York. Si en aquella época interpelaba crudamente a una estructura global que no daba soluciones a los problemas básicos de la humanidad, hoy toma total actualidad en un contexto en el que el derecho internacional y la propia carta fundacional de la ONU dejaron de existir.
El 12 de octubre de 1979, en la XXXIV Asamblea General de las Naciones Unidas, el entonces presidente de Cuba y presidente pro témpore del Movimiento de Países No Alineados, Fidel Castro, cuestionaba la eficacia de la ONU en su rol de organismo responsable de aportar soluciones a la humanidad. Vale la pena recordar, una vez más, aquellas palabras sabias: '¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos, para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años, para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres, para que otros sean exageradamente ricos? Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan. Hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas, hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y a la dignidad humana. Unos países poseen, en fin, abundantes recursos. Otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de éstos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para qué sirve el mundo?'.
Durante esta semana se ha desarrollado el 81º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, como casi siempre, en Nueva York, ciudad sede de la entidad. Lo que hemos visto y escuchado nos deja la sensación de haber asistido al último de estos encuentros. ¿Qué sentido tiene toda esta puesta en escena? Está más que claro que no vale la pena montar tamaña escenografía para que venga -por ejemplo- Donald Trump a proclamar que él es el emperador del mundo y que se hará lo que su desquiciado criterio le indique. ¿Para qué dilapidar recursos en este montaje donde el coro de aplaudidores y loros del Occidente imperial alaban y le hacen eco a un señor que se autopercibe como el rey del planeta y sus alrededores?
Para que no queden dudas de que el sistema de relaciones internacionales regido por la ONU fue sepultado definitivamente el 3 de enero de 2026, cuando fuerzas especiales de Estados Unidos secuestraron al presidente venlezolano NIcolás Maduro y a su esposa, diputada nacional, el titular de la Casa Blanca vociferó: 'En enero, por mi iniciativa, el ejército de Estados Unidos realizó una operación militar enorme, penetrando profundamente en la capital de Venezuela, Caracas. Incursionamos una base militar que estaba muy protegida, que supuestamente estaba a prueba de cualquier ataque. Y detuvimos a un criminal, a un dictador, Nicolás Maduro'. Es histórico: un jerarca imperial se jacta ante los representantes de todas la naciones de entrar de caño a una república soberana, secuestrar a su presidente, acusarlo de criminal y el mundo sigue andando como si nada pasara.
Tras cartón, Trump reveló el verdadero objetivo de la 'operación militar enorme' de enero: 'El mes pasado firmamos el mayor acuerdo petrolero de la historia, 65.000 millones de barriles de petróleo. Eso va a beneficiar a Venezuela y a Estados Unidos (...) Las mayores compañías petroleras ya están entrando y las cifras son realmente increíbles. Y cuando combinamos Estados Unidos y Venezuela, eso representa más del 60% del petróleo de todo el mundo. (...) El vencedor se lo lleva todo'. También histórico: el líder de la piratería imperial se jacta de hacerse con la principal reserva de crudo del mundo, reconociendo que el que somete a otro por la fuerza tiene potestad sobre sus bienes, y la obra de teatro sigue en escena como si tal.
Por supuesto que un capítulo aparte merece el desempeño de la presidenta encargada de Venezuela Delcy Rodríguez, quien desde el atril de la Asamblea General, en su primera intervención como mandataria, y sin mencionar ni una vez a Nicolás Maduro ni lo que pasó con él, agradeció al presidente estadounidense, Donald Trump y a su Gobierno "por su disposición a tomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación". ¿Cooperación con un saqueador serial? ¿En qué medida se puede cooperar con quien se ha declarado tu vencedor, el que se 'lleva todo'?
En otro pasaje dedicado al barrio, Trump se despachó contra México, asegurando (o más bien amenazando) que 'es el epicentro de la violencia de los carteles' y que 'es inaceptable que Estados Unidos comparta una frontera de 2.000 millas con un territorio controlado por los carteles de drogas'. También Cuba cayó en la volteada: 'Mi gobierno busca un cambio fundamental en la situación en Cuba', expresó en su mejor tono arrogante, mostrando que 'su gobierno' es el que se encarga de ordenar el mundo. Y vaticinó: '(Cuba) es un estado fallido, un estado fracasado. He fracasado como nunca antes y va a caer'. Afortunadamente, esta vez hubo reflejos dignos y la delegación cubana abandonó el recinto.
El mandatario estadounidense también anunció la anexión de Groenlandia a los Estados Unidos a través de un convenio de claudicación vergonzoso firmado por Dinamarca y tampoco se privó de calificar a Irán de "terrorista" amenazando con "aniquilar" a la República Islámica.
En fin, parece que ha llegado la hora de bajar la persiana de la ONU y crear una organización nueva y eficiente que ponga límites concretos a las prácticas imperiales de un Estado representado por un señor con aspiraciones de dictador planetario.
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