Cuando la mayor cantidad de muertes era por viruela
En los años posteriores a la fundación, la población de Chacabuco debió enfrentar varias epidemias. Dos de ellas fueron las de fiebre amarilla y de viruela, que se registraron allá por 1871 y 1872 y, al menos en el segundo caso, dejaron un lamentable saldo de fallecimientos.
Se cree que la fiebre amarilla tuvo su origen en Asunción del Paraguay y comenzó a propagarse por el país a través de los soldados que regresaban de la Guerra de la Triple Alianza. En Buenos Aires tuvo efectos devastadores, provocando la muerte de unas 14.000 personas, que representaban entre el 8 y el 10 por ciento de la población.
En ese entonces el país tenía como presidente a Domingo Faustino Sarmiento, del cual se recuerda que en medio del avance de la peste dejó la Capital y con '70 zánganos', al decir del diario La Nación, se fue en tren a Mercedes.
El profesor Oscar Melli escribió en una de sus obras que no se cuenta con constancias que indiquen las consecuencias que tuvo en nuestra zona el paso de la fiebre amarilla. Sí quedan registros referidos a la epidemia de viruela, que dejó índices de mortalidad muy elevados. Algunos datos sobre esto surgen de las actas de la iglesia San Isidro Labrador, que señalan que entre agosto y diciembre de 1871 se registraron 78 defunciones, 68 de las cuales se debieron a esa enfermedad.
En el año siguiente hay 168 muertes anotadas, de las cuales 96 se debieron a la epidemia. El récord se batió en febrero de ese 1872: de 21 actas asentadas, en todas figura que la causa del deceso fue 'por viruelas'.
'El brote epidémico, difundido en un medio de campaña donde la vacuna era prácticamente desconocida, al igual que las previsiones de higiene y elementos sanitarios, lógicamente acrecentaba el número de casos fatales', sostuvo el historiador.
Estas carencias en materia de salubridad también se expresaban en muy elevados índices de mortalidad infantil. Acerca de esto, Melli señaló que la proporción de niños de entre 0 y 5 años fallecidos tuvo un número creciente entre 1871 y 1874. 'Al comienzo de este lapso, los fallecidos de estas edades eran una tercera parte del total y al final del mismo ya representaban las dos terceras partes, índice que resulta francamente sorprendente', escribió.
En esto no sólo influyeron las condiciones sociales y de higiene, sino también la falta de las más elementales atenciones médicas.
En los años siguientes hubo más epidemias, como una de cólera, así como nuevos brotes de viruela y tifus. Eso llevó a la Municipalidad a designar dos comisiones de Higiene, una para el sector norte del pueblo y otra para el sur. Además, se publicó un edicto en cuyo primer artículo se daba un plazo de diez días para que quienes tuvieran 'estaqueaderos de cuero' los sacaran del pueblo.
El artículo segundo también imponía diez días de plazo para que propietarios e inquilinos hicieran 'blanquear' el interior de las habitaciones. 'Vencido dicho término -se aclaraba-, las comisiones de Higiene harán las visitas domiciliarias y los que no hubieran dado cumplimiento a esta disposición incurrirán en la multa de 200 pesos moneda corriente, sin perjuicio de hacerse efectiva la obligación que les impone esta disposición'.
En un tercer artículo se disponía la misma cantidad de días para que todo propietario o inquilino que tuviera un 'foco de infección' en su casa 'lo haga desaparecer'.
En ese entonces, año 1881, el pueblo ya contaba con dos médicos, los cuales encabezaban las comisiones de Higiene e indicaban las medidas que debían tomarse para evitar 'la propagación de la viruela o cualquier otra peste en la población o el partido'.
En esa misma época hubo otros avances en materia sanitaria. El más importante fue el inicio de una campaña de vacunación que abarcó a todo el partido. Además, la Municipalidad puso a disposición de los médicos una volanta que era utilizada para trasladarse a lugares apartados en los que eran necesarios sus servicios.
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