Miercoles . 23 Septiembre . 2026

Escucha en Vivo:

El inventor de Pigüé que creó la primera cosechadora automotriz, pero no pudo patentarla

22/09/2026
El inventor de Pigüé que creó la primera cosechadora automotriz, pero no pudo patentarla

En la vasta geografía de la provincia de Buenos Aires, el ingenio de los talleres metalmecánicos ha sabido marcar el ritmo del progreso rural. Acerca de esto, la historia guarda un capítulo tan extraordinario como indignante. Ocurrió en Pigüé, hace más de un siglo, y tuvo como protagonista a un joven de 28 años llamado José Fric, el verdadero padre de la primera cosechadora autopropulsada del mundo.
Una publicación del Archivo Histórico de Pigüé señala que Fric, que era hijo de descendientes de alemanes del Volga, concibió en 1916 una idea revolucionaria: eliminar la tracción a sangre en algunas de las faenas agrícolas.
Hasta ese momento, la recolección del cereal exigía inmensas cuadrillas de operarios y planteles de hasta doce caballos para arrastrar las pesadas máquinas de arrastre de marcas extranjeras como Deering o McCormick. Con una capacidad notable para el reciclaje y la adaptación técnica, dedicó un año y medio a construir su prototipo en un taller local, utilizando materiales recuperados de viejas maquinarias e instalando un motor a explosión de automóvil.
El 16 de diciembre de 1917, la máquina realizó su primera prueba a campo con un éxito rotundo. El equipo, con un ancho de corte de 9 pies (2,7 metros) e impulsado por un motor de unos 20 a 22 CV, lograba cortar, trillar y embolsar entre 200 y 500 bolsas diarias de trigo. Lo hacía con la sola operación de dos personas -una para conducir y otra para embolsar- y con un consumo fijo de 80 litros de nafta por jornada. La innovación no solo reducía drásticamente los costos y el tiempo de la recolección, sino que suprimía el enorme gasto logístico de alimentar, cuidar y coordinar las grandes caballadas.
El impacto de su trabajo cruzó rápidamente los límites de Pigüé. Una crónica de Noticampo cuenta que en septiembre de 1918 Fric trasladó su invención a Buenos Aires para exhibirla en la Exposición Rural de Palermo. Periódicos de alcance nacional como La Vanguardia, del Partido Socialista, y La Tierra -órgano de difusión de la Federación Agraria Argentina- dedicaron extensas crónicas al equipo, calificándolo como una "verdadera revolución en la técnica agrícola".
Expertos en maquinaria, como el ingeniero Marcelo Conti, de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, examinaron el modelo e hicieron ensayos favorables, destacando la simplicidad de su diseño a empuje central, que eliminaba el tiro lateral de las cosechadoras tradicionales y permitía transformar el chasis en tractor fuera de temporada. Inclusive, el jurado de la Exposición Rural le confirió un diploma de honor.
Sin embargo, detrás del triunfo técnico se gestaba la sombra del plagio y el despojo comercial. Durante la exhibición en Palermo, ingenieros, técnicos y representantes de firmas estadounidenses observaron con minuciosa atención el prototipo de Fric, tomando notas y diagramando esquemas. A su vez, confiado en la trascendencia de su obra, el joven mecánico bonaerense ya había enviado meses antes los planos y detalles de su diseño a un agente en Estados Unidos para gestionar el registro de la patente.
La sorpresa fue devastadora: mientras Fric exhibía su máquina en Palermo, una serie de telegramas emitidos por la oficina de información de la prensa norteamericana en Chicago dieron la vuelta al mundo anunciando la supuesta creación de una "nueva máquina segadora de trigo" en los Estados Unidos, cuyos principios de autopropulsión, funcionamiento y ahorro de mano de obra eran idénticos a los del desarrollo realizado en Pigüé.
Sin recursos financieros para afrontar el alto costo de una patente de alcance internacional ni asesoramiento legal frente al espionaje industrial, el invento de Fric quedó indefenso fuera de las fronteras argentinas. En los años siguientes, grandes corporaciones estadounidenses lanzaron al mercado global modelos basados exactamente en los principios que él había perfeccionado.
En nuestro país, el contexto socioeconómico tampoco ayudó mucho al pionero. La Argentina de la época priorizaba la importación de maquinaria y la provisión de insumos desde Europa y Estados Unidos. Los talleres del interior funcionaban como centros de reparación, reforma y adaptación de motores a cosechadoras de arrastre tipo Case o McCormick, careciendo de acero de alta calidad, matrices y suministro local de motores para escalar a una producción industrial de unidades desde cero.
A raíz de este desamparo, la titularidad de la primera patente de invención registrada de una cosechadora automotriz en la Argentina no quedó a nombre de José Fric, sino de Alfredo Rotania, un industrial de Sunchales, Santa Fe, quien inició los trámites en 1927 y obtuvo los certificados oficiales en diciembre de 1929. A diferencia de Fric, Rotania contaba con una fábrica metalúrgica constituida y la estructura financiera indispensable para respaldar legalmente su diseño y encarar la producción de unidades en serie.
El amargo episodio sumió a José Fric en el ostracismo técnico por el resto de sus días. Sin embargo, la memoria periodística de 1917 y 1918, resguardada en los archivos nacionales, acredita, de forma inobjetable, que un mecánico de Pigüé logró poner en marcha la primera cosechadora autopropulsada del mundo una década antes de que cualquier otra firma nacional o extranjera patentara un desarrollo similar. Una reivindicación histórica llegó muchos años después, en 2007, cuando por iniciativa local el Sector Industrial Planificado de la ciudad de Pigüé fue bautizado oficialmente con el nombre de José Fric, rindiendo tributo a un pionero olvidado del campo argentino.

feature-top