El laberinto de la postergación: Por qué dejamos todo para después
Por Bernarda Jorba. Psicóloga
La procrastinación es la pérdida de tiempo cuando nos enmarañamos en actividades irrelevantes que llaman nuestra atención postergando lo que realmente tenemos que hacer. Sabemos que no es pereza ni falta de voluntad, sino una estrategia de regulación emocional.
En lo cotidiano enfrentamos tareas que despiertan emociones displacenteras: ansiedad, aburrimiento, miedo al fracaso, etc. Cuando la mente interpreta una actividad como una amenaza a nuestra autoimagen, busca un alivio inmediato evitándola. Nuestro cerebro, programado a lo largo de miles de años de evolución para sobrevivir en el tiempo, trata de ahorrar la máxima cantidad de energía y minimizar esfuerzos para alcanzar dicho objetivo. Este es el origen de la famosa 'pereza' o 'fiaca' a la cual estamos acostumbrados en nuestros días. Al posponer nuestras actividades y cosas pendientes, muchas veces displacenteros y pesados, conseguimos una recompensa a corto plazo: la ansiedad disminuye. Pero a largo plazo, el costo es altísimo. Se genera un ciclo vicioso donde la acumulación de pendientes incrementa la culpa y el estrés. Es fundamental identificar en qué tareas se procrastina. Desde la terapia cognitivo-conductual se proponen herramientas prácticas:
- Identificar y cuestionar los pensamientos automáticos del tipo "no tengo ganas" o "bajo presión trabajo mejor".
- Cuestionar ideas paralizantes como "debo hacerlo perfecto" o "no soporto esto ahora".
- Descomponer la tarea en pasos para reducir la sensación de abrumación.
- Aplicar la activación conductual, enfrentando la actividad unos pocos minutos en lugar de seguir evitándola.
- Trabajar en bloques enfocados de determinados minutos y descansar 5 para mantener la concentración.
- Silenciar las notificaciones, guardar el celular o usar bloqueadores de sitios web en la computadora.
Comprender que la procrastinación responde a cómo gestionamos nuestras emociones es el primer paso para dejar de sabotearnos y pasar a la acción. La acción es el mejor antídoto para la ansiedad.
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