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El productor de Morse que cosechó hasta los 97 años

19/09/2026
El productor de Morse que cosechó hasta los 97 años

La localidad de Morse, en el partido de Junín, es llamada 'Cuna de cosecheros'. Uno de los habitantes del pueblo que hizo méritos para que se lo denomine así es don Oscar 'Toto' Policastro, que después de más de ocho décadas de labores rurales, hace unos días, a sus 97 años, se subió por última vez a su máquina.

El punto de inflexión de esta historia tuvo lugar tras la finalización de la última campaña agrícola. Por esos días se volvió viral en las redes sociales un video en el que se veía a Toto trabajando activamente arriba de la máquina, una Deutz-Araus Máxima modelo 1995.

Después de eso, hace algunas semanas, y acompañado por sus hijos, Policastro se despidió del equipo y condujo la cosechadora por última vez hacia un desarmadero local. En una nota publicada por Agrofy News, Nora, su hija, recordó el trayecto con profunda emoción: 'Fue muy emotivo acompañarlo detrás de la cosechadora. Sentí mucha emoción de pensar qué estaría él imaginando en su cabecita'.

Al llegar al predio, el longevo productor hizo lo que mejor supo hacer durante toda su vida: enseñar. Con la devoción que lo caracterizó desde los 12 años, les explicó minuciosamente a los trabajadores del lugar el funcionamiento de cada pieza, mecanismo y engranaje de la estructura. 'Les explicaba a los chicos del desarmadero para qué era cada cosa, como si la máquina fuera a seguir funcionando', relató Nora. Toto no pensaba que la máquina podía tener destino de chatarra. Por el contrario, mantenía la firme convicción de que las cosas del campo nacieron para rendir y mantenerse en marcha.

Afortunadamente, el destino del equipo no fue el desguace. Enterados de la trascendencia del hecho, los nuevos propietarios dispusieron que la máquina sea preservada y exhibida de manera permanente en Morse. Será un homenaje al hombre que dedicó 85 años a trabajar la tierra de la región.

Señala la nota que cuando Oscar Policastro dio sus primeros pasos en la actividad, a los 12 años, la agricultura era un oficio radicalmente distinto. Predominaban las pequeñas chacras familiares de 40, 50 o 100 hectáreas, trabajadas a fuerza de brazo, sudor y tracción manual o mecánica rudimentaria. 'No existía la siembra directa, no existían los herbicidas que hay ahora', recordó el longevo productor.

En aquellas épocas, una cosechadora exigía una tripulación completa de al menos cuatro personas: un maquinista a cargo del tractor, dos operarios dedicados exclusivamente al embolsado y cosido a mano, y un cuarto hombre apostado en el 'palanqueo', regulando manualmente el sube y baja de la plataforma.

Las campañas imponían sacrificios extremos. Sin la movilidad ni la logística actuales, en los veranos de cosecha triguera la peonada solía dormir a la intemperie, bajo la sombra protectora de la propia máquina. Eran años signados por autos viejos, la escasez de neumáticos y las restricciones de combustible de la posguerra.

Con las décadas, Toto fue testigo y protagonista de una revolución tecnológica sin precedentes. Vio cómo la ganadería de las grandes estancias cedió paso a la agricultura a escala, cómo los arrendamientos agruparon las parcelas y cómo la velocidad comenzó a dictar el ritmo de las campañas. La automatización, la informática y las cosechadoras autopropulsadas de gran porte redujeron aquel equipo de cuatro trabajadores a un solo operador protegido en una cabina climatizada asistida por computadoras.

A pesar de las transformaciones y la dureza del trabajo de antaño, Toto nunca guardó espacio para el arrepentimiento: 'Me gustó hacer este trabajo, porque entre todos era como de la familia'.

El retiro de Policastro no fue una imposición familiar. Sus hijos decidieron no presionarlo jamás y permitir que su propio cuerpo y sabiduría le indicaran el momento de dar el paso al costado. Con el paso del tiempo, la pérdida de sensibilidad en las manos y la merma de fuerza presagiaban el desenlace. Finalmente, con la sobriedad pragmática que da la experiencia, fue el propio Toto quien decidió que era el momento de la despedida.

Su historia se entrelaza de forma inseparable con la identidad de Morse. Su vínculo con la Fiesta del Cosechero -creada en 1996 para rendir homenaje a las generaciones de maquinistas, camioneros y peones de la zona- fue permanente. Toto no sólo colaboró activamente en la organización del evento durante años, sino que además fue el primer galardonado con el Reconocimiento al Mérito y a la Trayectoria.

Hoy, la mítica cosechadora que lo acompañó en sus últimas hectáreas descansa en su pueblo natal.

 

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