El valor del aburrimiento en la infancia y adolescencia
Por Bernarda Jorba. Psicóloga
En forma frecuente vemos a menudo el temor moderno al aburrimiento. Muchos padres programan agendas exhaustivas o recurren a pantallas ante el primer "me aburro". Sin embargo, desde el enfoque cognitivo-conductual cuando un niño no tolera el malestar y siempre recibe estímulos externos masticados, se anula su motivación intrínseca y su posibilidad de idear acciones posibles. El aburrimiento, lejos de ser negativo, es el espacio mental que permite el ensayo y error, fomentando la autonomía y la tolerancia a la frustración.
Ante niños sobreestimulados es importante que los padres modifiquen el diálogo interno frente a la queja de sus hijos. En lugar de asumir la responsabilidad de entretenerlos, deben validar la emoción sin precipitarse a resolverla. Al permitir que transiten el aburrimiento, les otorgamos la oportunidad de reconectar consigo mismos y descubrir sus propios recursos para generar alternativas lúdicas e imaginativas.
En los adolescentes también es una oportunidad valiosa para el desarrollo cerebral y la creatividad; la pausa permite activar la reflexión interna, fomentar la paciencia y descubrir motivaciones propias. Al igual que en los niños, estimula la creatividad: la mente busca soluciones y genera nuevas ideas o proyectos; favorece el autoconocimiento permitiendo conectar con los propios pensamientos, gustos y sentimientos más íntimos. Ayuda a tolerar la incomodidad de la pausa sin buscar una recompensa o distracción digital instantánea. Descansa la mente: reduce la fatiga cognitiva provocada por el exceso de notificaciones y estímulos externos.
Es importante prestar atención al aburrimiento crónico, que se extiende por semanas y genera ansiedad, apatía profunda o aislamiento. Este puede ser señal de un malestar emocional mayor.
Búsqueda de riesgos: un vacío mal gestionado a veces empuja a conductas impulsivas o de escape poco saludables.
Relacionadas
