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La Esperanza, un motor del desarrollo ganadero en el Chacabuco del siglo 19

27/05/2026
La Esperanza, un motor del desarrollo ganadero en el Chacabuco del siglo 19

En una de sus obras, el profesor Oscar Ricardo Melli realiza una descripción de los principales establecimientos agropecuarios que tenía el partido de Chacabuco en la segunda mitad del siglo 19. Entre ellos estaba la estancia La Esperanza, cuyo dueño original fue Edmundo Banbury Perkins, un inglés nacido en Longton el 6 de febrero de 1845, quien después de realizar estudios en Cambridge abandonó su tierra natal para venir a la Argentina en 1861.

Su primer destino en el país fue Lomas de Zamora, donde se dedicó a las faenas rurales en un establecimiento. A través de ese trabajo pudo conocer a familias poderosas y comenzó a tejer relaciones con la oligarquía de la época. Así, administró campos del político y funcionario Norberto de la Riestra y tuvo sociedades con los acaudalados hacendados Tomás y Miguel Duggan. Fue a través de ellos que llegó a Chacabuco, donde adquirió La Esperanza, dedicada a la producción ganadera, la cual se convirtió en su primera estancia.  

Originalmente, el campo tenía una superficie de dos leguas y media y estaba ubicado hacia el noreste del ejido del pueblo Guardia Nacional.

Todo venía bien en el camino recorrido por Perkins en la Argentina. Sin embargo, los inicios en La Esperanza no estuvieron exentos de los severos reveses climáticos y sanitarios que caracterizaban a la época. Tras poblar el campo con un respetable plantel de 2.000 vacunos y 20.000 ovejas finas, una devastadora epizootia diezmó la producción lanar entre los años 1868 y 1869.

Lejos de amedrentarse, Perkins decidió seguir adelante y apostarle todo a la tecnificación. Con ese objetivo, en 1870 regresó temporalmente a Inglaterra para adquirir maquinaria de última generación, incluyendo una trilladora a vapor y un molino, buscando diversificar sus esfuerzos a través de la agricultura.

Como los cultivos no respondieron inicialmente a las expectativas deseadas, hacia 1876 el estanciero inglés volvió a dirigir toda su actividad hacia las explotaciones ganaderas. Fue allí donde cosechó sus éxitos más resonantes.

Para el cambio de siglo, las propiedades de La Esperanza se habían expandido notablemente hasta alcanzar las siete leguas cuadradas, coronadas por un imponente casco de estancia. Este complejo arquitectónico estaba provisto de todo lo necesario para la vanguardia operativa: habitaciones confortables para la familia y el peonaje, inmensos galpones diseñados para el esquileo y el almacenamiento de lana, y un lujo tecnológico inusitado para la época: una línea telefónica particular que conectaba directamente el casco con las localidades de Chacabuco y Junín.

Cuenta el historiador que el sello distintivo de La Esperanza fue la obsesión de su propietario por el mejoramiento genético de sus planteles bovinos, ovinos, caballares y porcinos. En una época en la que la ganadería criolla aún dependía de métodos tradicionales, Perkins viajó a Europa y Australia en busca de los mejores reproductores. Eso le permitió introducir con éxito razas superiores como Durham (Shorthorn), Hereford y Holstein. Además, a partir de 1876 transformó sus rebaños Rambouillet cruzándolos con la raza Lincoln, obteniendo resultados extraordinarios que no tardaron en llamar la atención de los frigoríficos extranjeros.

Un reflejo de este prestigio quedó registrado en la prensa de la época. A fines de siglo, un periódico local celebraba las transacciones de la estancia señalando que la firma Las Palmas Produce Company había adquirido a Perkins un lote de 500 novillos destinados a la exportación, pagando la fabulosa suma de 38 pesos oro por cabeza puestos en vagón.

Asimismo, el establecimiento cobró fama por sus caballos pesados de las razas Clydesdale y Norfolktrotter, animales de trabajo vitales para el desarrollo de las comunicaciones y las tareas rurales.

Más allá de los negocios, la mentalidad científica de Perkins -que fue intendente de Chacabuco entre 1896 y 1897- dejó una huella imborrable en la sanidad animal de la región, siendo pionero en la aplicación masiva de la vacuna contra el carbunclo. Este bagaje de conocimientos le granjeó un respeto unánime a nivel nacional, al punto de ser nombrado presidente del jurado en la prestigiosa Exposición Rural de Buenos Aires de 1898.

Para las primeras décadas del siglo XX, las crónicas rurales describían a La Esperanza como un modelo de división y manejo de la tierra, fraccionada en 40 potreros en los que pastaban 12.000 vacunos, 35.000 lanares y centenares de yeguas finas.

La trayectoria agropecuaria de Edmundo Perkins -que estaba casado con Margarita Diharce, con quien tuvo seis hijos- no finalizó en su campo de Chacabuco. Por el contrario, en los años y décadas posteriores continuó comprando tierras hacia el norte y el sur, hasta completar más de 100.000 hectáreas. La mayoría de las estancias se hallaban en la zona de Alberdi y Vedia.

 

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