La identidad es mucho más que un ADN
Doctora Susana Manzi
¿Qué nos hace padres o hijos? Durante décadas, el Derecho buscó la respuesta en la sangre. Si el análisis de ADN decía "negativo", la historia se terminaba. Sin embargo, un reciente y valioso fallo del Juzgado de Familia de 2° Nominación de Córdoba nos invita a mirar más allá de las probetas para enfocarnos en lo que realmente construye a una persona: los afectos y el tiempo compartido.
El caso es movilizante. Un hombre intentó impugnar judicialmente la paternidad de su hija tras casi diez años de saber, mediante un estudio genético privado, que no era su padre biológico. Pero la Justicia dijo "no". Y no lo hizo por un simple capricho burocrático, sino para proteger algo mucho más sagrado: la estabilidad emocional de una adolescente que creció llamándolo "papá".
La identidad no es una foto fija
A menudo cometemos el error de pensar que la identidad es solo genética. Es la que se construye en el desayuno de cada mañana, en el apoyo escolar, en el apellido que portamos con orgullo y en el vínculo que nos hace sentir parte de una familia. En este caso, los informes psicológicos fueron claros: la joven se siente hija de quien la crió y desea seguir siéndolo, más allá de lo que diga un papel de laboratorio.
El peso del silencio
El fallo también deja una enseñanza necesaria para los adultos. El juez lanzó un "llamado de atención" a ambos padres por haber ocultado la verdad biológica durante tantos años. El derecho a la identidad implica saber de dónde venimos, y el ocultamiento irresponsable solo genera dolor. La verdad no debe ser un arma de guerra en los juzgados, sino un derecho que se ejerza respetando los tiempos de los hijos.
Una puerta abierta al futuro
Lo más humano de esta sentencia es que no cierra puertas, sino que las cuida. Aunque hoy se mantiene el vínculo legal con el padre que la crió para no destruir su presente, la Justicia le recordó a la joven que ella —y solo ella— tiene la llave de su futuro.
En cualquier momento de su vida, si siente la necesidad de buscar su realidad biológica o cambiar su apellido, podrá hacerlo. Incluso, se dispuso una audiencia especial con psicólogas para explicárselo personalmente, garantizando que su voz sea la que realmente importe.
En definitiva, este fallo nos recuerda que, aunque la biología nos da el origen, es el amor y la presencia constante lo que nos da el destino. Porque, a veces, los lazos del corazón son mucho más fuertes que los de la sangre.
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