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La trampa de la motivación: por qué no debes esperar a "tener ganas"

23/09/2026
La trampa de la motivación: por qué no debes esperar a "tener ganas"

Por Bernarda Jorba. Psicóloga

 

Seguro te pasó más de una vez que querés comenzar el gimnasio, ordenar el placard o avanzar con un proyecto, pero lo postergas porque no tenés ganas y esperás que aparezca la fuerza de voluntad como si fuera un milagro. Esa es la gran trampa.

Cuanto más te quedes en casa, menos ganas vas a  tener de salir y  más pesado se va volviendo todo. 

En psicología cognitiva sabemos que si esperás a tener ganas para actuar es muy probable que te quedes en el mismo lugar, ya que la mente prioriza la zona de confort y la inercia del menor esfuerzo.

El secreto es invertir el orden: primero viene la acción, y después la motivación. Cuando rompes la inercia y empezás a moverte, aunque sea sólo por un breve tiempo, tu cerebro recibe una señal de logro. Ese pequeño avance activa la dopamina, te hace sentir bien y, recién ahí, aparece el impulso para continuar. No necesitás ganas para empezar; necesitás empezar para tener ganas. Cuanto menos hacés, menos ganas tenés.

Para activar con cosas que llevan esperando un tiempo, puede ser una buena estrategia dividir la tarea en tramos para que resulte más apropiado la secuencia de la acción. Una vez hayamos empezado, será mucho más fácil completarla. 

Pueden existir otros motivos por los cuales posterguemos o abandonemos tras varios intentos de empezar a hacerlo. En  ocasiones, la dificultad para hacer las cosas puede tener que ver con la falta de una estructura de hábitos establecida. Si no hemos desarrollado la costumbre de actuar con constancia y planificación, es fácil caer en la procrastinación y la inacción. La disciplina es clave para llevar a cabo tareas, incluso cuando no hay una motivación inmediata.

Cuando tenemos demasiadas tareas pendientes, o sentimos que tenemos muchas responsabilidades sobre nuestros hombros, eso también puede bloquearnos. La sobrecarga mental nos hace sentir que no sabemos por dónde empezar, lo que nos lleva a evitar la acción. En estos casos, puede ser útil dividir las tareas en pequeños pasos manejables y centrarse en una sola cosa a la vez. Organizarse puede ayudar a reducir la sensación de agobio para avanzar con más claridad.

El miedo a equivocarnos o a no estar a la altura de nuestras propias expectativas puede hacer que evitemos comenzar una tarea. Si pensamos que no seremos lo suficientemente buenos en algo es posible que prefiramos no intentarlo en absoluto. Es importante cambiar la perspectiva y entender que cometer errores es parte del proceso de aprendizaje. A tener presente: 'el movimiento genera movimiento.y la acción genera energía'.

 

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