Miercoles . 12 Agosto . 2026

Escucha en Vivo:

Los días pioneros del transporte en Chacabuco

12/08/2026
Los días pioneros del transporte en Chacabuco

A comienzos de la década de 1920, la fisonomía de Chacabuco comenzaba a experimentar una transformación vertiginosa. Aunque el barro de los caminos rurales continuaban imponiendo sus leyes en los días de lluvia, el ruido de los motores a explosión empezó a ganarle terreno a los sonidos de galopes y chatas de tracción a sangre. En ese escenario, un puñado de emprendedores sentó las bases de lo que sería el transporte colectivo de pasajeros y el de cargas en el partido.

Cuenta el profesor Oscar Melli que la historia del transporte de pasajeros comenzó formalmente en septiembre de 1923, cuando los hermanos Antonio y Ramón Buscaglia presentaron ante el Honorable Concejo Deliberante un proyecto para instalar un servicio de 'ómnibus urbano'. Tras obtener la aprobación oficial, a finales de octubre de aquel año se echó a andar el primer colectivo de la ciudad.

El vehículo era toda una declaración de orgullo y mano de obra local: un chasis de Dodge equipado con capacidad para 18 pasajeros. Toda la labor artesanal de armado -desde la madera de la carrocería hasta el tapizado y la pintura exterior- se realizó íntegramente en talleres de la ciudad, destacándose el trabajo de los artesanos Marsiletti, Genovés y Di Perna.

El recorrido diario del colectivo conectaba los puntos neurálgicos de la vida social y comunitaria de la época: partía hacia la estación del Ferrocarril Pacífico, pasaba por la plaza de los Juegos Atléticos (actual plaza 5 de Agosto) y el Prado Español, y extendía su traza hasta el Cementerio y el Polígono de Tiro.

El ómnibus no sólo prestaba un servicio regular, sino que también realizaba paseos recreativos fuera del itinerario y los horarios habituales. Estas excursiones no estaban exentas de coloridas peripecias. La crónica local recuerda, por ejemplo, un agitado altercado entre el conductor del colectivo y un automovilista de carácter irascible que, tras una acalorada discusión de tránsito, echó mano a un arma de fuego y efectuó un disparo al aire, afortunadamente sin consecuencias que lamentar.

Lamentablemente, la vida de esta empresa pionera fue breve, pues en la noche del 18 al 19 de agosto de 1925 un voraz incendio destruyó por completo el vehículo mientras permanecía guardado en un galpón. Afectados por la pérdida y tras cobrar el seguro de 10.000 pesos moneda nacional, los hermanos Buscaglia desistieron de continuar con la concesión.

Mientras la experiencia urbana buscaba consolidarse, el transporte zonal también abría sus propias huellas. El 31 de octubre de 1924, el concesionario Alfredo Iriart inauguró una línea regular entre Chacabuco e Irala.

Aquel viaje diario, cuyo pasaje de ida y vuelta costaba 3 pesos moneda nacional, funcionaba como una verdadera red de integración para un sector de la campaña. El itinerario era una ruta de almacenes, pues la salida era en la casa de comidas de Magliano y Arduino, en la planta urbana, para luego realizar paradas intermedias en el almacén Rubino, situado en Coliqueo, y en el almacén Fernández, en Gregorio Villafañe, para finalizar el trayecto en el almacén de Pedro Carús, en el pueblo de Irala.

La iniciativa de un transporte urbano volvería a tomar impulso en 1932 con la propuesta de Juan M. Scherer y su empresa El Destino, que contemplaba conectar la plaza San Martín con el Cementerio y el Polígono de Tiro por una tarifa de 20 centavos por viaje directo.

El avance del colectivo no estuvo libre de fricciones sociales. Cuando la empresa de Scherer solicitó extender su recorrido hasta la estación ferroviaria con una tarifa promocional de 10 centavos, 18 taxistas locales -que estaban agrupados en un gremio de choferes- elevaron una airada protesta ante el Municipio, denunciando la merma inminente de sus ingresos en los horarios de llegada de los trenes. A pesar de las quejas, la Comisión de Peticiones y Poderes del Concejo Deliberante respaldó la iniciativa, señalando que la libre competencia redundaría en beneficio del público usuario.

Paralelamente, hacia 1929 el camión comenzó a desafiar el monopolio de las vías férreas en el transporte de cargas. Así fueron surgiendo transportistas ofreciendo sus servicios. Uno de ellos, de apellido Moro, realizaba viajes a Buenos Aires día por medio y reducía los tiempos de entrega de seis días a sólo 24 horas, descargando la mercadería directamente en la puerta del negocio.

La competencia llegó a tal punto que empresarios como Francisco Sánchez Urzanqui articularon fletes en camión hasta Coronel Isleño para conectar con el Ferrocarril de la Compañía General Buenos Aires, que ofrecía tarifas un 30 por ciento más baratas que las del Ferrocarril Pacífico.

En la prensa y en el habla popular de la época, la llegada del camión fue celebrada como una vía de liberación frente a las "exacciones injustas del pulpo inglés", tal como se denominaba a la compañía ferroviaria de capitales ingleses que pasaba por Chacabuco. Aquella incipiente flota rodante no sólo acortó distancias, sino que transformó para siempre la economía regional.

 

feature-top