Servicio de sepelios: un respaldo solidario en el momento más difícil
El fallecimiento de un ser querido representa, sin dudas, una de las experiencias más dolorosas y complejas que le toca atravesar a cualquier ser humano. Es una instancia cargada de angustia, un quiebre emocional que en la inmensa mayoría de los casos resulta imposible de prever o del que, lisa y llanamente, nadie quiere anticipar. La partida irrumpe de sorpresa, dejando a los familiares en un estado de vulnerabilidad absoluta donde el duelo debe convivir, casi de inmediato, con urgencias administrativas y decisiones financieras imprevistas.
En medio del dolor, las familias se ven obligadas a resolver con celeridad los arreglos para brindar una despedida digna. Es allí donde impacta con dureza otra realidad insoslayable: el elevadísimo costo del servicio funerario. En los últimos años, costear un sepelio de manera particular se ha transformado en una carga económica asfixiante. En grandes urbes como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los presupuestos del sector privado promedian los cuatro millones de pesos, alcanzando en determinados casos cifras que trepan hasta los 5.000 dólares. Ante semejante escenario, no son pocas las familias que deben recurrir al endeudamiento desesperado o a préstamos personales imposibles de afrontar con tal de saldar los gastos de ataúd, tasas municipales, traslado y destino final.
Frente a esta delicada problemática y las carencias que históricamente han rodeado a la prestación de este servicio en el mercado privado, las cooperativas eléctricas y de servicios públicos implementaron hace ya varias décadas una solución basada en el mutualismo y la ayuda mutua: el servicio solidario de Sepelios.
El objetivo central de este sistema es brindar una asistencia integral, humana y acorde a los requerimientos del asociado en sus momentos más complejos, garantizando que el factor económico no sea un impedimento para despedir a un familiar con la dignidad que merece.
A diferencia del impacto financiero que implica contratar un servicio privado de último momento, el modelo cooperativo del que dispone Chacabuco funciona mediante el aporte de una pequeña cuota mensual que permite colectivizar el riesgo y asegurar una cobertura completa para casi el 100% de la población local.
Para junio de este año, por un monto total de $16.427 mensuales por grupo familiar (que contempla hasta cinco integrantes), toda la comunidad accede a un esquema de protección que elimina cualquier gasto imprevisto al momento del deceso.
Este monto unificado se desglosa en tres prestaciones fundamentales. Por un lado, la cuota de sepelio de 8.260 pesos, que cubre la totalidad del servicio funerario, incluyendo el ataúd, los trámites correspondientes y las tasas legales sin ningún costo adicional. Por el otro, la cuota de nicho (6.844 pesos), que garantiza el traslado y la disposición final. Al mismo tiempo se presta un servicio de enfermería (1.323 pesos), que es un beneficio complementario que otorga acceso a salas de primeros auxilios para controles de presión arterial, aplicación de inyecciones y atención primaria.
De este modo, cuando ocurre un fallecimiento dentro de un grupo familiar adherido, la cooperativa asume la gestión completa del trámite y la prestación del servicio sin que los deudos deban desembolsar sumas extraordinarias. El alcance de este servicio cooperativo consolida su rol protagónico en el entramado social de la ciudad. De acuerdo con los registros actuales de la entidad 15.459 grupos familiares se encuentran adheridos al sistema, llegando a más de 50 mil personas con cobertura directa.
En una época signada por la incertidumbre económica y los costos prohibitivos en la salud y los servicios esenciales, la vigencia del servicio solidario de sepelios de la Cooperativa Eléctrica reafirma el valor de la organización comunitaria. Lo que de manera individual resulta una carga financiera inalcanzable, colectivamente se transforma en una solución justa, accesible y profundamente humana para todos los vecinos de Chacabuco.
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