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Un mundo de clases de los desclasados

07/08/2026
Un mundo de clases de los desclasados

Por Gustavo Porfiri

 

Esta es una de las principales características de nuestra época, que explica en parte la actual degradación general de la espiritualidad, la cultura y la política.

 

Al analizar este tema surge siempre un problema, y es que justamente la mayoría de psicólogos, sociólogos, antropólogos y otros estudiosos expertos en estas materias desde hace tiempo trabajan para preservar y profundizar este modelo.

En el capitalismo de antaño existía una clara y evidente distinción en cuanto a la apariencia de los ricos y pobres, ya que la diferencia en el nivel de educación y de los ingresos entre ellos era absolutamente evidente y no dejaba lugar a dudas ni a interpretaciones. Antes los pobres no viajaban, no iban a restaurantes, vestían ropa vieja y gastada, y en su mayoría no tenían ni la posibilidad ni el deseo de ocultarlo. No siempre todos ellos deseaban solo hacerse ricos; también soñaban con una sociedad más justa e incluso luchaban por eso, dejando como prueba las grandes revoluciones a lo largo de todo el siglo pasado en diferentes partes del planeta. La mayor parte de los logros sociales de hoy no son las míticas bondades del no existente "sistema social de mercado", sino que fue el resultado directo de sus luchas.

Hoy vivimos en un mundo con desigualdades mucho peores y más grandes que hace 50 o 100 años. La brecha entre la minoría superhipermegarrrica y el resto de la población se ha multiplicado. Pero el sistema también  ha perfeccionado bastante el arte de su maquillaje. El capitalismo moderno ha creado y nos ha impuesto su propia óptica, totalmente diferente a la de ayer. El culto a las ilusiones y a la imagen del éxito se ha convertido en una psicosis masiva que ha contagiado por igual a todos los estratos sociales de las nuevas generaciones. El sistema ha ofrecido a los pobres la casi irresistible oportunidad de "no parecer pobres"..

A la sociedad se le ha vendido un anestésico total que anula a la vez la sensibilidad y la memoria, para que dejemos de ver y analizar nuestra propia realidad y, por lo tanto, no seamos capaces de luchar por cambiarla. Nos han desclasado con el sueño del éxito. En lugar de cambios democráticos reales en nuestro entorno, los medios de comunicación y las redes sociales han "democratizado" la falsa idea de la "igualdad de oportunidades". Las diversas ONG y fundaciones, que trabajan a sueldo y en interés de las grandes corporaciones, nos han llenado la cabeza y el corazón con la "lucha" contra todo tipo de injusticia social, desviando nuestra atención de su causa principal: el carácter de clase de la sociedad capitalista que representan. Han hecho todo lo posible para que nos olvidemos de nuestros orígenes y de nuestros intereses colectivos.

Nos han contagiado con la ilusión del éxito individual y nos han empujado a una carrera por el estatus. Las vidas se han convertido en una búsqueda de selfis y 'likes'. Las miradas envenenadas con el brillo de luces y colores ya no saben distinguir entre negro y blanco ni disfrutar los mil matices que nos ofrece la vida. Millones de pobres explotados e ignorantes obtuvieron el acceso a productos y tecnologías baratas, que por fin hicieron factible su sueño inculcado, de poder crear la apariencia necesaria para tener el acceso al mundo de los ricos, que además se convirtió en su único sueño.

La sociedad actual, desclasada, hipócrita y profundamente carente de espíritu, es a la vez el producto y el instrumento de este tipo de "democracia", que aterroriza a los ignorantes con ideologías que ellos no comprenden y con un futuro que les fue robado.

 

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