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Una vida dedicada al transporte con una prodigiosa mirada al futuro

20/07/2026
Una vida dedicada al transporte con una prodigiosa mirada al futuro

Por Sonia Elisabeth Rubino

 

Voy caminando, y a mi paso, cada vereda me cuenta una historia. Alguien que sabe de esto me dijo una vez: 'Hay una historia de vida en cada esquina'.

Y cuando mi tintero queda vacío y mi pluma se quiere secar, puedo acudir a esas palabras y hacerlas propias.

A lo largo de este tiempo buscando personajes, debo confesar que creí más de una vez que ya no había nada, que estaba todo dicho.

Sin embargo, me vuelvo a equivocar y me encuentro cara a cara con mi capacidad de asombro totalmente superada.

Mañana gris de julio, un día que no se termina de definir. Nublado, húmedo, con un sol que apenas se asoma.

Vamos por un lugar cálido para charlar con un vecino reconocido de Chacabuco, por su empresa de camiones, su trayectoria y mucho para contar.

Francisco Orlando 'Cacho' Trotta nos espera junto a su esposa, Alicia Lanciotti, y más tarde, su hijo Andrés se suma a la entrevista.

Hay que desandar un largo sendero y para eso Cacho cuenta con una memoria prodigiosa y a su lado están sus pilares por si acaso se escapa algún detalle.

Café de por medio, mañana de invierno, y una mente abierta, son la combinación perfecta para comenzar.

 

-¿Cómo recuerdas tus primeros pasos con los camiones?

-Gracias a mi suegro.Yo no tenía nada.

 

-¿A qué te dedicabas?

-Era mecánico en un tallercito en calle Sarmiento 59. La casa paterna. Mi hermano Oscar se dedicaba a los autos y yo a las motos.

 

-¿Entonces?

-Nos pusimos de novios con Alicia y mi suegro compró el camión. Empezamos con don Luis, mi suegro. Un 8 de enero del año 1962. Tenía 21 años y me dio un Ford 600 para que lo manejara, más adelante compramos otro y así empezó la firma Lanciotti-Trotta. Vendí la moto, compré un acoplado y comencé a viajar. En algunos viajes me acompañó don Luis. Llegamos a tener 4 camiones a medias, era una sociedad. Pero mi suegra fue la que vio algo en mí y me bajó del camión, me dijo que tenía espíritu, alma de empresario, y me hizo dejar el volante para seguir manejando desde abajo todo lo que se refiere a una empresa que con el tiempo se fue ampliando.

 

-¿Y seguiste siempre con el transporte?

-Mi suegro insistía para que compre un pedacito de campo, pero a mi me gustaba el camión. Un día me dice don Luis que tenía que hablar del futuro de la empresa. Su propuesta fue que le dé el camión más chico, un Mercedes 312 con un acoplado 3 ejes y me cedía su mitad.

 

-¿Generoso? ¿Visionario? ¿O ambas cosas tu suegro?

-Las dos cosas, yo no tenía nada y me dieron todo, lo más importante es que creyeron en mi capacidad, tuvieron fe en mí. Y de ahí arranqué con el transporte, toda mi vida hice lo mismo.

 

-¿Y qué pasó con el campo?

-Compramos cuarenta hectáreas. Don Luis siempre decía que era un buen patrimonio, una buena inversión y yo siempre lo escuché aunque a mi no me gustaba. De tanto escucharlo me incliné por el cambio y ahí compramos ese lote.

 

-¿Y te fue bien con el campo?

-Sí, nos fue bien. Pero tuvimos momentos difíciles y hubo que vender el campo a causa de las inundaciones tres años seguidos. También la hiperinflación, lo que fue el gobierno de Alfonsín, todo junto. Fueron tres años sin cosecha.

 

-¿Tuviste que vender algo?

-En cada una de las crisis se vendían cosas. Después, con el tema de la Picaza ya arrancamos bien. La laguna, que cortaba la ruta 7, se tenía que rellenar con piedras. Nos dieron ese trabajo y se volvió a levantar la empresa, ese trabajo fue muy bueno, nos fue muy bien. Llegamos a tener 100 camiones trabajando, entre propios y contratados. Se trabajaba de noche, no parábamos, y 

traíamos piedras grandes. Eso fue como renacer, resurgir, una explosión de cara al progreso.

 

-¿Algo así como el ave fénix?

-Ponele.

 

-¿Piensas que el apoyo de tu suegro fue un gran sostén?

 -Ellos y Alicia. Sin esos pilares no tendríamos lo que tenemos.

 

-¿Tienen hijos?

-Tenemos cuatro hijos: Cecilia, Martín, Andrés, y Carina. Todos trabajan en la empresa que ya se agrandó mucho.

 

-¿Hay un espíritu guerrero ahí?

-Nunca bajé los brazos ante la adversidad, que en este país es mucha. Esa es la base fundamental para seguir adelante sorteando obstáculos, formando una familia grande, que es lo más importante, y no darse por vencido.

 

-¿Cómo es eso de trabajar todos en la empresa familiar?

 -Ya pintaban. Martín me siguió, no quiso estudiar, y hoy es el que maneja todo, Andrés, que es abogado, y se reparte entre la empresa y su estudio; Carina y Cecilia están en administración y recursos humanos.

 

-¿Dónde está hoy la empresa?

-Ahora estamos en la ruta 7.

 

-¿Digamos que Messi se jubiló?

-La empresa ahora es un hobby: paso a tomar un café y nada más. Ahora nos dedicamos a viajar con Alicia; la familia se reúne acá los sábados a la noche. Tenemos 10 nietos y 4 bisnietos y descansamos en los hijos que se pusieron toda la empresa a cargo. Se agrandó muchísimo la empresa. Y ya requiere de otros tiempos, de otro manejo. Es otro el empuje.

 

-¿Qué nos podés contar de tu infancia?

-Mi padre arrendaba un campo en Los Indios, que pertenece a Rojas, y ahí en Rojas nací yo. Papá tenía una chacarita y yo me crié entre los fierros. Hice dos años en la escuela primaria de Ines Indart, y al venir a Chacabuco terminé sexto grado en la  escuela 4. Pusimos un taller en calle Sarmiento 59, que es la casa paterna. Y estuvimos ahí como cuatro años.

 

-¿Cuántos camiones tienen hoy día?

-Tenemos una flota de 60 camiones. Estamos hablando de mucho trabajo, porque hay más empleados, necesitas sectorizarlos, una administración, una logística, un pañol con un encargado, un jefe de taller. Ahora mismo hay un camión desarmado en el pañol, antes se hacía todo el mantenimiento acá, en la calle. ¡Imagínense semejantes bichos a lo largo de la calle! Hasta que en un momento, cuando empezó a crecer, se tuvo que trasladar la empresa a la ruta 7, ya no se podía más, incluso por ordenanza hubo que mudarse.

 

-¿Alguna anécdota?

-En el taller de la calle Sarmiento también se vendían motos. Una vez mi padre le vendió la moto a una mujer pero había que enseñarle a manejar. Entonces, Oscar, mi hermano, de un lado, y yo del otro, dábamos vueltas en la plaza Belgrano corriendo a la par de la mujer para que no le pase nada. En la tercera vuelta, ya con la lengua afuera, vemos que la señora se cae dentro de una zanja en medio de la calle. ¡Golpes, raspones, chichón, y la moto estropeada! ¡Quién le decía a mi papá! Fuimos los dos y se lo dijimos. Él preguntaba: -¿Dónde está la señora? -¿Dónde querés que esté?, le digo. ¡En la zanja!  ¡A papá le salía humo por la moto nuevita en la zanja! Cuando se tranquilizó todo, la señora vino a hablar con papá y le pidió que se la arreglara porque se la quedaba. ¡Salió todo bien y se pudo hacer el negocio! 

 

Debe haber muchísimas anécdotas más seguramente pero la mañana avanza y la entrevista va terminando. Me llevo la imagen de un hombre de negocios, pero sobre todo de familia. Una persona que fomenta el trabajo en equipo y conecta el esfuerzo diario con un propósito más amplio.

Es inevitable mirar hacia atrás. Al salir de viaje, al cambiar de trabajo, al llegar a la meta, incluso por las noches, al ir a descansar le damos un vistazo al día que pasó, porque esa mirada al pasado nos dará un enfoque al futuro que se acerca. Y si esa mirada nos deja en un lugar mejor, es porque algo bien se hizo y cada huella importa. Cacho hizo de su vida un camino de esfuerzo pero sostenida en los pilares del amor, la cultura del trabajo, la experiencia, la sabiduría y el respeto. 

Mientras redacto esta nota, la selección se gana un lugar en la final, una locura hermosa invade los hogares y las calles de todo el país. Pienso en cuánto habrá viajado ese sueño, en cuántos corazones se habrá enquistado, cuántos mitos ha derribado y de lágrimas derramadas, ni hablar.

Eso es la sangre que corre por nuestras venas, las raíces que nos sostienen y el legado que dejamos. Y nos invade la sensación de que el esfuerzo vale la pena y está permitido soñar para luego disfrutar desde una locura hermosa. ¡Es imprescindible descorchar cada sueño!

'Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana' (Walt Disney)

¡Gracias Cacho y familia!

 

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