'Me inspira mucho el roce con la gente de a pie'
Franco Fernando Alberti es un escritor especializado en los géneros de suspenso, misterio y terror. Está en Chacabuco en el stand de Ediciones C&A en el marco del 4° Festival del Libro y la Cultura, en la muestra que se desarrolla en el Salón de los Espejos hasta este domingo. Alberti nos contó sobre su obra y cómo desarrolla el proceso creativo, basándose en personas de la vida real.
'Mi obra está atravesada por lo que son las miserias humanas. Trabajo mucho con las personas comunes y corrientes expuestas a diferentes problemáticas', comienza explicando el escritor, y añade: 'me gusta trabajar con la persona de a pie, con sus dificultades, sus frustraciones, y voy viendo qué pasa cuando a esa gente la vuelco en diferentes historias, en diferentes conflictos'.
-¿Por qué elegiste este método de trabajo tan basado en la vida real?
-Me entretiene eso, ver qué hace la gente común cuando la saco un poco de las reglas que están preestablecidas, o de su vida, cómo funciona cuando las meto en algún problema. Eso es lo que hace el escritor de suspenso.
-¿Desde cuándo escribís y por qué?
-Yo escribo desde chico. Primero, me gustaba mucho leer, y para escribir es muy importante leer. Y leyendo descubrí que las historias de suspenso tenían una estructura que me resultaba muy atractiva; yo digo que es como un truco de magia, porque uno se sienta a ver al mago que le muestra las herramientas y sabe que lo va a sorprender. El mago hace todo frente a uno y aún así sorprende. Y con las historias de suspenso me pasaba algo muy parecido: estaba leyendo y el escritor, o la escritora me mostraban todo en el texto y al final llegaba la sorpresa. Entonces ataba cabos y decía: '¡Claro, ¿cómo no me di cuenta de todo esto?!'. Esa sorpresa me gustaba mucho y dije: 'bueno, si esto a mí me gusta, yo puedo hacerlo también" y así empecé a escribir. Obviamente que no es lo mismo cuando uno escribe de chico, que lo hace como jugando, o practicando, que después. Pero terminé la secundaria y decidí que quería dedicarme a escribir profesionalmente, lo cual me llevó un montón de tiempo y un montón de aprendizaje. De hecho, mi primera novela la terminé a los 26 años, pero se publicó cuando tenía 31 y en el medio hubo cosas que escribí pero que no llegaron a ningún lado, que son parte del desarrollo del escritor.
-¿Cómo es el proceso de llevar una idea a las hojas?
-Cuando uno practica la creatividad, surgen un montón de ideas. El tema está en saber cuáles son buenas ideas como para escribirlas. Eso viene con el conocimiento de uno mismo y también dejando que las historias y las ideas leven un poco. Yo suelo escribir la idea que se me ocurrió, que me pareció interesante, pero surgen un montón de otras ideas. Después, con el paso de los días, uno va volviendo sin querer a las que más resonaron, entonces, de diez ideas que se me ocurrieron, tal vez vuelvo con cuatro, y de esas quizá dos empiezan a desarrollarse más, hasta que hay una que, por algún motivo, empieza a empujar mucho más y llega un momento en el que no podés parar de pensar y de armar esa idea. Ahí se empieza a volcar al papel, tal vez a una libreta, no a escribir directamente, pero sí a pensar en los personajes en el final, que como soy escritor de suspenso el final es muy importante. Yo no me pongo a escribir si no sé que va a tener un final acorde y digno a la historia. Y cuando encuentro todas las aristas y todos los factores cierran, ahí recién me pongo a escribir.
-Y las personas con las que te cruzás a diario te inspiran..
-Un montón. Además de escritor soy contador y abogado. Y esas otras dos profesiones me aportan muchísimo, aunque parezca que no tienen nada que ver o no parezcan compatibles con la literatura. Pero la creatividad y todo lo que requiere la escritura le aportan mucho a mis profesiones y las profesiones también aportan desde el punto de vista de la estructura, de armarse para poder darle forma a la creatividad, pero también lo hace el roce con la gente de a pie, con la que ves al tomar un colectivo, el subte, al trabajar en una oficina, o conocer familias de diferente índole, de diferente nivel socioeconómico o cultural. Y todas esas cosas te generan disparadores de ideas y además también permiten que cuando uno construye un personaje sea genuino y eso hace mucho más rica a la historia también. Tener una vida normal, me refiero a salir a la calle todos los días, a tener que hacer determinadas tareas o cumplir con obligaciones en lugar de ser el escritor que se queda en su casa sentado frente a la computadora, aporta muchísimo al momento de construir historia.
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