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Cuando Sarmiento prometió hacer cien Chivilcoy

11/09/2026
Cuando Sarmiento prometió hacer cien Chivilcoy

Cada 11 de septiembre, con el Día del Maestro, la Argentina rinde homenaje a la figura de Domingo Faustino Sarmiento, al conmemorarse el aniversario de su fallecimiento, ocurrido en Asunción del Paraguay en 1888. Aparte de su figura como pedagogo, escritor y presidente de la Nación, existe un capítulo fundamental que entrelaza la vida del sanjuanino con nuestra zona: una alianza histórica con el pueblo de Chivilcoy que incluyó la promesa de multiplicar por todo el país el modelo agrícola de ese municipio.
El vínculo entre Sarmiento y Chivilcoy nació casi por azar en el contexto de las campañas militares que definirían el rumbo institucional de la Argentina. Es que en la mañana del 27 de enero de 1852, el sanjuanino atravesó la geografía del vecino distrito -particularmente los parajes de las lagunas del Tigre y Las Saladas- integrando el Ejército Grande del general Justo José de Urquiza.
En aquel contingente bélico el futuro mandatario cumplía el rol de boletinero. Se trasladaba a bordo de una pesada y lenta carreta que transportaba una imprenta portátil con la cual redactaba y editaba él mismo los partes diarios de las tropas. Cuentan distintos artículos históricos que, en medio de esa marcha, Sarmiento quedó profundamente admirado ante la belleza natural del paisaje, la plenitud de sus chacras y, sobre todo, la contracción al trabajo de los labradores lugareños. Allí mismo estableció un afectuoso lazo con los pobladores y les prometió su apoyo.
El paisaje productivo de Chivilcoy tenía que ver con que antes de la fundación formal del pueblo, durante el gobierno de Rosas, sus habitantes se habían beneficiado por la Ley de Enfiteusis, un sistema de arrendamiento de pequeñas parcelas que permitía la subsistencia familiar. Ese esquema de pequeños productores, volcado casi en su totalidad al cultivo del trigo, deslumbró a Sarmiento, que lo comparó con el modelo de los farmers que había conocido en los Estados Unidos. En su visión, Chivilcoy demostraba que la pampa no estaba condenada a dar únicamente pasto a los animales, desafiando la visión de la oligarquía ganadera de la época.
El compromiso asumido en 1852 no quedó en meras palabras. En marzo de 1857, Sarmiento visitó nuevamente Chivilcoy para presidir la emotiva inauguración de la primitiva capilla del pueblo, donde pronunció un elocuente discurso. Meses más tarde, el 13 de octubre del mismo año, ocupando una banca de senador en la Legislatura bonaerense, logró la sanción de la Ley de Tierras de Chivilcoy, una norma que promovió y multiplicó el desarrollo de la agricultura en ese distrito.
El agradecimiento de la comunidad fue inmediato. De hecho, ya el 28 de julio de 1856 la naciente Corporación Municipal le había enviado una carta de gratitud ofreciéndole el obsequio de una quinta cultivada en el ejido urbano, cerca de la Estación Ferroviaria Norte. Aunque Sarmiento nunca llegó a habitar la finca, tiempo después fue vendida y el importe dinerario le fue remitido al educador.
El punto culminante de esta estrecha relación ocurrió el sábado 3 de octubre de 1868. Siendo ya presidente electo de la Nación, a sólo nueve días de asumir la primera magistratura, Sarmiento regresó a la localidad. Utilizando al pueblo como una alta tribuna cívica, proclamó su célebre programa de gobierno y pronunció la frase que pasaría a la posteridad: 'Les prometo hacer cien Chivilcoy, con tierra para cada padre de familia y escuelas para sus hijos'.
'He aquí mi programa, y si el éxito corona mis esfuerzos, Chivilcoy tendrá su parte en ello, por haber sido el pionero, que ensayó con mejor espíritu la nueva Ley de Tierras, y ha demostrado que la pampa no está condenada, como se pretende, a dar exclusivamente pasto a los animales, sino que en pocos años, aquí, como en  todo el territorio, ha de ser luego asiento de pueblos libres, trabajadores y felices', agregó el sanjuanino, según rescata el Archivo Literario de Chivilcoy.
La huella del "Patriarca amigo", como lo definiera el historiador Vicente José Abriola, quedó grabada para siempre en la fisonomía y en la identidad local. A tal punto llegó la identificación entre ese pueblo y el sanjuanino que en 1938 el ingeniero Mauricio Birabent tituló su libro de historia local simplemente como 'El Pueblo de Sarmiento'.
En noviembre de 1895, el Concejo Deliberante chivilcoyano bautizó con el nombre de Domingo Faustino Sarmiento a una de las cuatro avenidas principales de la ciudad. A su vez, la Escuela Normal adoptó su denominación en 1925 al cumplir su vigésimo aniversario, honor que también ostentó la histórica Escuela N° 1.
La gratitud chivilcoyana se consolidó con la inauguración de dos importantes monumentos. El primero fue una notable obra del escultor Juan Zuretti emplazada en mayo de 1944 en la plaza 9 de Julio, y el segundo, inaugurado el 22 de octubre de 2007 en la plaza principal 25 de Mayo, tiene la forma de un libro abierto en el que se reproducen los fragmentos más destacados de la mítica proclama de 1868.

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