Cuando Perón visitó Chacabuco como vicepresidente de la Nación
El sábado 14 de octubre de 1944 no fue un día más para Chacabuco. Es que en esa jornada estuvo de visita el entonces coronel Juan Domingo Perón. Las crónicas de la época, rescatadas en un libro del Dr. Carlos Salvador Mac Donnell, un exvecino radicado desde hace años en Los Toldos, señalan que aquella jornada quedó grabada en la memoria colectiva local.
Se trataba de la primera vez, en los entonces 80 años de existencia de la ciudad, que un mandatario de tan elevada jerarquía institucional -pues Perón era vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión, Coronel Juan Domingo Perón- pisaba suelo chacabuquense.
Ese día, la llegada de la comitiva oficial estuvo signada por un clima adverso, pero también por un fervor popular que desafió a la lluvia. El coche que conducía al vicepresidente y a sus acompañantes hizo su ingreso al centro de la ciudad en horas de la tarde. El anuncio de su llegada no pasó desapercibido, ya que fue saludada por las sirenas de los Molinos Río de la Plata y de la firma Crespo y Rodríguez, las cuales prolongaron su sonido hasta que el vehículo oficial detuvo su marcha frente al Palacio Municipal.
A pesar de la persistente lluvia, una multitud de vecinos salió a la calle y se reunió ante la sede municipal para recibir al visitante. Hombres, mujeres y niños se agolparon a lo largo del trayecto, desafiando el agua para ver de cerca al coronel. Una crónica de esa jornada publicada por el periódico Chacabuco, dio cuenta de que, al paso del automóvil, la gente estallaba en aplausos y, en reiteradas ocasiones, arrojaba flores hacia el vehículo.
En el interior del Palacio Municipal aguardaba una comitiva integrada por autoridades locales y de la zona, así como delegaciones escolares. Entre quienes acompañaban a Perón, las miradas agudas de la época registraron un detalle: la presencia de una dama joven llamada Eva Duarte, según el testimonio oral que le dio al periódico la vecina Gladys San Martín de Melli.
El encargado de abrir el acto oficial fue el comisionado municipal, Dr. Eduardo Ramos, que pronunció un discurso de bienvenida. Señala la crónica que sus palabras, cargadas de elogios hacia la figura del vicepresidente y la gestión del gobierno que encabezaba el presidente de la Nación, el general Edelmiro J. Farrell, fueron celebradas con entusiasmo tanto por el propio Perón como por el público presente, que interrumpió la alocución con encendidos aplausos.
Tras los saludos protocolares en el interior del edificio, se sirvió una copa de champaña en un agasajo que superó las 800 personas. Durante este interludio, una comisión de vecinos se acercó al mandatario para entregarle en mano un petitorio con diversas necesidades locales, documento que Perón recibió con el compromiso explícito de darle curso ante las máximas esferas del Estado nacional.
Requerido con insistencia por quienes aguardaban pacientemente bajo el agua en las afueras del Palacio Municipal, el coronel Perón se asomó al balcón principal para brindar una breve pero enérgica arenga. Su discurso combinó gratitud institucional con definiciones políticas.
"Nosotros constituimos un grupo de hombres que no tiene otra pretensión que hacer el bien por el bien mismo en cualquiera de los lugares en que nos encontremos", comenzó diciendo Perón, devolviendo los elogios al comisionado Ramos.
De inmediato, el coronel lanzó una de las frases que resonarían con más fuerza en la plaza: "Sabemos bien que nuestro país está ya enfermo de señorones y que necesita un poco de la acción de los hombres humildes y sencillos, dispuestos a trabajar sincera y lealmente por el conjunto de los argentinos". También sumó un guiño al sector agropecuario de la región, al señalar con ironía que "en estos momentos era más necesaria para Chacabuco la llegada de la lluvia que del vicepresidente de la Nación".
El discurso adquirió su tono más combativo cuando Perón defendió la obra del gobierno que asumió el 4 de junio de 1943 y arremetió contra los "políticos profesionales" que acusaban a su gestión de demagogia por impulsar reformas de carácter laboral y social: "Apreciamos bien cuál es el valor de la democracia que defienden los que hoy nos tildan de demagogos porque hacemos obra social. Ellos no se sintieron demagogos cuando dieron pan y circo, quinielas y coimas, taba y vino y concluyeron todos sus derechos y olvidaron todos sus deberes para con el pueblo, llevándolo a la triste condición de su engañosa libertad", afirmó.
Antes de finalizar, Perón prometió "no descansar ni de día ni de noche" para asegurar lo que denominó una "verdadera democracia" y se comprometió a elevar el petitorio de los vecinos tanto al presidente Farrell como al ministro del Interior.
El histórico encuentro ciudadano concluyó con la entonación del Himno Nacional Argentino, cantado por las más de 800 personas apiñadas en el recinto y la multitud que resistía en la calle.
Acto seguido, argumentando que el tiempo apremiaba y debía continuar su viaje hacia la vecina ciudad de Junín, el coronel Perón se retiró de la Municipalidad escoltado nuevamente por los aplausos de los presentes, cerrando así una jornada que el periódico, en su portada del miércoles 18 de octubre, sintetizó con un titular de época: "Chacabuco tributó un cordial recibimiento al coronel Perón".
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