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¿Estudiar me asegura la cuota? El límite de los 25 años y la lupa de la Justicia

07/03/2026
¿Estudiar me asegura la cuota? El límite de los 25 años y la lupa de la Justicia

Para que un hijo mayor de 21 años siga recibiendo la cuota alimentaria, no basta con ser un "alumno regular". Un reciente fallo de la Cámara de Mercedes aclara que los libros deben ser un obstáculo real para trabajar; de lo contrario, la obligación de los padres llega a su fin.

Históricamente, se creía que al cumplir la mayoría de edad la responsabilidad de los padres se esfumaba. Sin embargo, nuestro Código Civil y Comercial actual es más flexible: la cuota alimentaria se extiende automáticamente hasta los 21 años y puede estirarse hasta los 25 años si el hijo estudia o se capacita en un oficio. Pero —y aquí está el detalle que llegó a los tribunales— esta extensión no es un "cheque en blanco".

En un reciente proceso judicial en el Departamento de Mercedes, una joven de 22 años —alumna de la Universidad de La Matanza— solicitó que su padre continuara pagándole la cuota alimentaria. La justicia de primera instancia le había dicho que no, bajo el argumento de que ya era mayor de 21 años.

La joven apeló y presentó su plan de estudios y horarios para demostrar que su carrera universitaria le impedía trabajar para mantenerse. Sin embargo, los jueces de la Cámara, los Dres. Lucas Ricardo Gómez y Martín Hernando Cherubini, analizaron las pruebas con un ojo muy crítico.

No alcanza con estar inscripto

El fallo es contundente: para que el padre o la madre sigan pagando después de los 21, el hijo debe demostrar tres cosas:

    1. Tener entre 21 y 25 años.

    2. Estar cursando estudios o preparándose profesionalmente.

    3. Que esos estudios le impidan obtener recursos para mantenerse de forma independiente.

En este caso particular, la balanza se inclinó en contra de la estudiante. ¿Por qué? Porque la joven solo cursaba tres mañanas a la semana (lunes, jueves y viernes). Los jueces consideraron que tener libres las tardes y cuatro días completos a la semana le permitía realizar alguna actividad rentada. Además, se valoró que solo había aprobado 13 materias de un total de 44.

Aunque la Cámara flexibilizó los tiempos y permitió que la cuota se mantuviera unos meses más para que la joven pudiera organizarse, confirmó que el padre ya no tiene la obligación de mantenerla de por vida solo por el hecho de estar anotada en la facultad.

Este fallo nos invita a pensar en la cuota alimentaria como un puente hacia la autonomía y no como un refugio de comodidad. La ley busca proteger la formación profesional de los jóvenes, entendiendo que hoy el mercado laboral es exigente, pero también exige de los hijos un compromiso real con su formación y una búsqueda activa de su propia independencia.

La justicia nos recuerda que la solidaridad familiar tiene un límite: el esfuerzo compartido. Los padres deben apoyar el estudio, pero los hijos deben demostrar que su prioridad es, efectivamente, convertirse en adultos capaces de sostenerse a sí mismos.

 

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