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La fábrica de helicópteros bonaerense que casi se va a pique

05/09/2026
La fábrica de helicópteros bonaerense que casi se va a pique

¿Qué pueden tener en común un ganadero en la inmensidad del interior australiano, un lord inglés en sus tierras y un alumno chino que aprende a maniobrar en las alturas? La respuesta se encuentra a unos 150 kilómetros de Chacabuco, más exactamente en Saladillo, y es que todos ellos vuelan o se entrenan con aeronaves producidas por Cicaré, una emblemática pyme nacida en ese partido que logró llevar la ingeniería aeronáutica argentina a los mercados más exigentes del mundo.

La historia de este milagro industrial comenzó a forjarse en la década de los '50 en Polvaredas, una pequeña localidad del municipio mencionado. Allí, un joven Augusto 'Pirincho' Cicaré trabajaba en el taller familiar. Con el manejo fluido del torno y una gran imaginación como principales atributos -frente a un paso escolar en el que no se destacó-, Cicaré mostró rápidamente una habilidad innata para resolver problemas complejos. Así, en un pueblo que aún no contaba con red eléctrica, fabricó un motor para proveer de energía a su taller y hasta construyó una lavadora para su madre.

Sin embargo, el destino de Pirincho dio un giro definitivo cuando cayó en sus manos un ejemplar de la famosa revista Mecánica Popular, en cuya portada lucía la imagen de un helicóptero. A partir de ese instante, la idea de construir su propia aeronave se convirtió en una obsesión. Sin manuales, sin planos y sin haber visto jamás un helicóptero en persona, comenzó a reunir caños de luz, maderas útiles y piezas en desuso para dar forma a su sueño a pura intuición.

En un artículo publicado en Identidad Bonaerense se señala que el obstáculo técnico más complejo al que se enfrentó fue el fenómeno físico del efecto giroscópico, un concepto del cual no tenía nociones teóricas. Para comprenderlo, recurrió a la memoria de su infancia y al comportamiento de los trompos. Junto a su hermano, soldó un eje con dos ruedas de bicicleta que hacían girar en sentidos opuestos. Al manipular el eje, constató que lograba dominar las fuerzas que determinan el movimiento de los cuerpos.

'Cuando tuve terminado el helicóptero llegó el momento de probarlo en vuelo, entonces lo até al piso con unas cadenas y empecé a pilotearlo. Y volaba. A los pocos días hice la prueba de volarlo en el campo. Me temblaban las piernas. Ver los patines despegar del suelo era el sueño de mi vida', contó en una entrevista con La TV Pública.

El talento de Pirincho no tardó en despertar la solidaridad y el orgullo de sus vecinos. Para financiar la construcción de su segundo helicóptero, la comunidad de Polvaredas organizó festivales populares destinados a recaudar fondos. El gran salto institucional pareció llegar en 1963, durante los festejos del centenario de Saladillo. Un equipo de prensa de la Presidencia de la Nación registró la invención de Augusto, lo que motivó que el presidente Arturo Illia lo convocara para desarrollar sus proyectos en la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba. Sin embargo, el derrocamiento de Illia en 1966 truncó ese impulso. Las nuevas autoridades militares le retiraron el apoyo y le ordenaron retirar sus pertenencias con el argumento de que 'los norteamericanos hacen muy buenos helicópteros, no necesitamos este'.

Lejos de desalentarse, Cicaré continuó trabajando de manera independiente. En los años '80 deslumbró en la prestigiosa convención de la Experimental Aircraft Association (EAA) en Oshkosh, Estados Unidos, con un diseño ultraliviano. Más tarde, en la década de 1990, un grupo empresarial italiano adquirió la licencia para fabricar el Cicaré CH-7 -bautizado como 'Ángel'-, cuya cabina fue diseñada por el renombrado estilista automotriz Marcello Gandini. A pesar del éxito de ventas del modelo, Cicaré no percibió las regalías esperadas para financiar económicamente su taller.

En 1996, el saladillense concibió otra invención revolucionaria: el primer entrenador de vuelo para helicópteros. Se trataba de una plataforma móvil con una aeronave cautiva que permitía realizar maniobras con total seguridad gracias a un sistema de aire comprimido. El desarrollo fue galardonado con el Premio Ladislao José Biro, elegido como el mejor invento del año en la Argentina y reconocido por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). En 1999, representando al país en la Exposición Internacional de Inventos de Ginebra, Suiza, la invención obtuvo la medalla de oro en la categoría aeronáutica. Hoy en día, este equipo permite homologar diez horas de vuelo en los cursos oficiales de pilotaje.

El proceso de industrialización formal se aceleró a partir de 2010 con la producción en serie del monoplaza Cicaré 7 y, en 2015, de la versión biplaza. Con una capacidad para ensamblar entre 12 y 16 aeronaves anuales, la firma estructuró su negocio hacia la exportación mediante kits desarmados que se enviaban en cajones de madera junto con un técnico especializado para su montaje final en destino. Países como Estados Unidos, China, Alemania, Chile, Perú y especialmente Australia -donde los helicópteros son utilizados intensivamente para tareas de ganadería- se convirtieron en sus principales mercados.

A pesar del fallecimiento de Augusto Cicaré en 2022, la empresa continuó bajo la dirección de sus hijos cosechando prestigiosos reconocimientos. A fines de ese mismo año obtuvieron la certificación del modelo Cicaré 8 en Alemania, y en julio de 2024 la firma fue galardonada en el festival AirVenture Oshkosh con el primer premio en las categorías de Diseño, Innovación, Calidad Constructiva y Seguridad entre más de 10.000 aeronaves exhibidas.

Sin embargo, detrás del brillo internacional y el prestigio tecnológico, la pyme bonaerense comenzó a atravesar serias turbulencias financieras que amenazaron su subsistencia. Un pedido de quiebra promovido por el Banco Credicoop debido a una deuda bancaria impaga -que escaló vertiginosamente de 9 millones de pesos en agosto de 2023 a cerca de 293 millones hacia comienzos de 2026- puso al borde del colapso a la histórica fábrica.

La bancarrota definitiva logró evitarse gracias a la intervención del juzgado que interviene en el caso, que resolvió reconvertir el proceso de quiebra en un concurso preventivo de acreedores. Con una plantilla reducida a 16 trabajadores en relación de dependencia y respaldada patrimonialmente por sus kits de fabricación y unidades de entrenamiento, la conducción familiar busca reestructurar los compromisos financieros. Apoyados en las señales de recuperación del mercado aeronáutico internacional, hoy los herederos de Pirincho luchan por mantener encendidas las máquinas en Saladillo y reencauzar el vuelo de un hito de la industria nacional.

 

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