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La Sociedad Francesa y una colectividad que creció junto con Chacabuco

15/07/2026
La Sociedad Francesa y una colectividad que creció junto con Chacabuco

El profesor Oscar Melli realizó a través de su obra un pormenorizado estudio de los orígenes de las distintas asociaciones de colectividades que se formaron desde los años posteriores a la fundación del pueblo Guardia Nacional. Cuando se propuso investigar la historia de la Sociedad Francesa las cosas se complicaron, pues las actas, registros y otros papeles que guardaban testimonio de los orígenes de esa entidad se habían perdido en una devastadora tormenta que en marzo de 1964 había inundado el subsuelo de la sede social.

Igualmente, apelando al testimonio de los descendientes de las familias pioneras y a las páginas de la prensa de la época, el historiador pudo desentrañar parte del devenir de esta colectividad que fue fundamental en las primeras décadas de Chacabuco, al punto de que el primer juez de Paz del distrito, que también podría considerarse el primer intendente, fue un francés, Francisco Duberty.

Así, Melli señala que para comprender el surgimiento de la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos es indispensable retroceder a los años fundacionales del partido. Es que tras la creación del pueblo Guardia Nacional, el flujo de inmigrantes galos comenzó a multiplicarse con rapidez en el territorio. Aquellos primeros pobladores no tardaron en convertirse en pilares del desarrollo local, volcándose con tenacidad a las actividades industriales y comerciales. Hacia fines de la década de 1860, el Primer Censo Nacional de 1869 ya registraba la presencia de 74 franceses en el distrito, consolidándose como la cuarta nacionalidad extranjera más numerosa, sólo precedida por los españoles, italianos e ingleses.

Su impronta técnica y comercial se hizo evidente desde el principio: ya en julio de 1867 se protocolizaba ante el Juez de Paz local un contrato para el establecimiento de una panadería. Este hecho, que constituye el primer testimonio documentado de dicha industria en la zona, evidencia que la molienda de granos y la panificación eran, por entonces, una auténtica especialidad de los inmigrantes franceses.

Aquel Chacabuco de fines del siglo XIX era apenas un proyecto de pueblo. Sus calles semidesiertas albergaban modestas edificaciones a medio construir y pocas almas. Sin embargo, el aislamiento geográfico no impedía que las pasiones políticas y los grandes conflictos internacionales resonaran con fuerza en el ámbito local.

Un claro ejemplo de ello ocurrió durante la guerra franco-prusiana de 1870. Lejos de su patria, los franceses de Chacabuco vivían los acontecimientos europeos con una enorme exaltación que se manifestaba en las fondas y despachos de bebidas locales. La tensión acumulada llegó a los hechos el 6 de octubre de ese año, cuando un tumulto en el negocio de don Juan Guarnaluce requirió la intervención de la Policía. La disputa, según las actas sumariales de la época, incluyó insultos, objetos contundentes volando sobre los mostradores y una reñida pelea de puños protagonizada por Luis Lusardi y el francés Graciano Etchesahar, quienes terminaron siendo multados por el juez de Paz con la considerable suma de 500 pesos moneda corriente.

Ese mismo fervor y sentido de pertenencia comunitaria adoptó un carácter puramente humanitario pocos años después. En 1875, severas inundaciones devastaron amplias zonas del territorio francés. La respuesta de la comunidad emigrada fue inmediata, al punto de que en Chacabuco se constituyó rápidamente una comisión de socorro para recaudar fondos, integrada por figuras como Mathieu Barón, Romary Constant, Jeangeorges, Jean Cazeneuve y Noel Laborde, acompañados por una extensísima nómina de contribuyentes locales. Este espíritu de cooperación sentó las bases definitivas para la formalización institucional de la colectividad.

Así, el 15 de agosto de 1882 se concretó formalmente la fundación de la Société Française de Secours Mutuels de Chacabuco (Sociedad Francesa de Socorros Mutuos). El propósito primordial de la entidad reflejaba los valores del mutualismo de la época: constituir un fondo común destinado a la asistencia médica de sus asociados frente a enfermedades o contingencias adversas, afianzar los vínculos sociales dentro de la comunidad y mantener encendido el amor por la patria de origen.

Su primer consejo directivo estuvo presidido por don Juan Dalberny, acompañado por pioneros de la talla de Alejo Lay, Adolfo Dorbessan, Pedro Diharce y Andrés Voissin.

Con el correr de las décadas, los integrantes de la Sociedad Francesa continuaron liderando el crecimiento comercial, industrial y agropecuario del partido. Nombres como Silvano Dalberny, Juan L'Hopital, Francisco Tiratel, Carlos Andurandegui o Bernardo Etcheverry poblaron las guías de contribuyentes del distrito. Para 1895, los registros censales daban cuenta de una comunidad diversa y consolidada, compuesta por hombres y mujeres de distintas edades y oficios, desde el hojalatero Amadeo Pachet en la calle Real y el relojero Leopoldo Beguelin, hasta el farmacéutico Carlos Bouiliers. A finales del siglo XIX, la institución ya contaba con 150 socios activos y las actas de sus asambleas se redactaban rigurosamente en idioma francés.

El arraigo definitivo de la institución se selló el 16 de diciembre de 1898 con la firma de la escritura de la sede social propia en la primera cuadra de la calle República (actual Primera Junta), inmueble que aún hoy permanece como testimonio arquitectónico y cultural de aquellos pioneros que ayudaron a edificar los cimientos materiales y espirituales de Chacabuco.

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