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'Francisco combatió el poder clerical de la curia romana'

27/02/2025
'Francisco combatió el poder clerical de la curia romana'

El periodista y docente universitario Washington Uranga analiza los ejes centrales del papado de Jorge Bergoglio y explica por qué no tiene asegurado un continuador de su legado.

 

Por Manuel Barrientos 

La salud del Papa Francisco tiene en vilo a millones de personas en todo el mundo. Las repercusiones de su internación exceden a los sectores de la Iglesia Católica y generan implicancias geopolíticas. 

En un bar cercano al Congreso, Washington Uranga subraya sus apuntes de 'Esperanza', la flamante autobiografía de Jorge Bergoglio. En el celular, recibe consultas de productores radiales y televisivos. Columnista de Página/12 y docente de diversas universidades latinoamericanas, es uno de los periodistas que mejor conoce el mundo eclesial. Fue secretario ejecutivo de Comunicación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y presidente de la Asociación Católica Latinoamericana para la Radio y la Televisión.

 

¿Cuáles son los legados que perdurarán del papado de Francisco?

Hay dos legados fundamentales. En primer lugar, el camino en la relación entre Iglesia y sociedad que se había iniciado con el Concilio Vaticano II y que luego quedó trunca. Con ese concilio, Juan XXIII hizo una apertura hacia la sociedad que siguió Pablo V, pero luego quedó inconclusa bajo los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y Francisco decide retomar ese camino. Incluso, cuando le preguntan si convocaría a un tercer concilio, siempre responde que no, porque aún no se terminó con el Concilio Vaticano II. Eso significa una Iglesia comprometida con la agenda de la sociedad, que está refrendada en dos documentos clave: las encíclicas Laudato Si' y Fratelli Tutti. Ahí se aborda la cuestión climática, por ejemplo, pero también la discusión sobre los modelos económicos y sus descartados. Nadie puede garantizar que un sucesor de Francisco no vuelva atrás con algunas cuestiones, pero cambió el tipo de relación entre Iglesia y sociedad. También rompió el mito de que la Iglesia no se mete en política. Francisco se asume como un ser político.

¿El segundo?

Será difícil volver a un modelo de iglesia piramidal. El clericalismo hace que sólo se valore el ministerio ordenado de los sacerdotes y obispos, por sobre el ministerio de los fieles. Francisco puso en valor ese ministerio de los fieles, abriendo y jerarquizando la participación y la toma de decisión de las mujeres, por ejemplo. El ministerio sacerdotal ordenado cierra las fronteras de la Iglesia, y Francisco plantea que no, que la Iglesia debe ser abierta. Eso implica que todos deben ser bendecidos: las comunidades lgbt, las personas que se vuelven a casar, las trabajadoras sexuales. Francisco se asume como pecador, dice que hasta Pedro traicionó a Jesús y fue elegido papa. Así que la Iglesia no puede elegir a los supuestamente perfectos.

La admisión del vínculo entre Iglesia y política es, en realidad, un gesto de transparencia.

Es asumir que es parte esencial de la vida humana. Por eso, cuando se encuentra con los movimientos sociales dice que son actores de cambio, y que la transformación sólo se da con la acción política. Y no convoca a los movimientos católicos, sino a todos.

Una hipótesis posible es que Benedicto XVI intentó evitar fugas de los sectores conservadores. En cambio, Francisco tuvo gestos de apertura. ¿Es posible pensar que hoy la Iglesia tiene una manta corta y que Francisco hoy es mejor visto por el mundo no católico, pero genera resistencias internas?

No sé si es exactamente así, pero me llama la atención que en estos días he recibido muchísimas consultas de personas que están alejadas del mundo no católico. Ni bien asumió, tenía resistencias externas, pero las fue bajando con su propia actitud. En el mundo católico, hay una razón sencilla para las resistencias: Francisco ha combatido el poder clerical de la curia romana. Rompió cuestiones litúrgicas y simbólicas. Por ejemplo, le tenían preparadas vestimentas especiales y él decía que no y se ponía sólo un alba y una sotana blanca. Francisco se enfrentó a ese clericalismo que ha sido corrupto en lo económico y en términos morales y éticos y ha sido un lugar de concentración de poder.

En el periodismo argentino, predomina cierto consenso de que Francisco designó cardenales afines y se habría asegurado un sucesor que continúe sus lineamientos. ¿Esa es su mirada?

Definitivamente, no. El Colegio Cardenalicio cambió su perfil, sin dudas, pero no hay nada que garantice que se va a designar un sucesor acorde.

¿Por qué?

Es cierto que Francisco eligió a los más afines, pero dentro de una Iglesia que no es una burbuja distinta al mundo actual. Y vivimos en una sociedad conservadora y retrógrada. El Episcopado de Estados Unidos es muy conservador y eligió de presidente a Timothy Broglio, que se ha enfrentado a Francisco durante todo su papado. Los cardenales europeos tampoco están de acuerdo con muchas reformas. Se dice que cambió la composición del Colegio Cardenalicio para tener más electores del Tercer Mundo, pero yo reviso el recorrido de algunos cardenales africanos y ellos firmaron un documento en el que se niegan a seguir el lineamiento de Francisco de bendecir a todos. Los latinoamericanos siguen siendo relativamente pocos, y ni siquiera todos ellos elegirían un papa como Francisco. El arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, por ejemplo, tiene un pensamiento muy distinto. No me animo a decir que se elegirá a alguien cercano a sus ideas. El Consistorio es un proceso de discernimiento y de meditación que va más allá de la rosca e implica la generación de consensos. Puede pasar cualquier cosa y no hay nada asegurado.

 

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