Viernes . 04 Abril . 2025

Escucha en Vivo:

Corazones rotos

16/03/2025
Corazones rotos

Por Sonia Elisabeth Rubino
 

Esta nota vino hasta mí de la mano de una persona comprometida con su profesión, tal vez pidiendo ayuda.

Intentaré de alguna manera y a través de su testimonio recorrer un camino hasta llegar a ese músculo llamado corazón, que no se vé pero duele y mucho. 

¿Cómo es tu nombre?

' Mi nombre es Flavia Gimenez'

' Soy masajista profesional y estoy estudiando actualmente kinesiología, si Dios quiere, en abril me recibo. También hice un curso de técnicas básicas de rehabilitación'

 

¿Con qué pacientes trabajás actualmente?

' Casi todos mis pacientes son adultos mayores o personas jóvenes con diferentes patologías.'

 

¿Cuál es tu inquietud en estos momentos?

'Cuando empiezo con mi trabajo en mi gabinete o haciendo domicilios  me encuentro con personas adultas mayores que además de sus problemas físicos están totalmente en manos de Dios y puedo dar fe de ello. Entonces eso me lleva a empezar a estudiar otras cosas, a indagar por qué un músculo estaba tan atrofiado, cómo llegó hasta ahí.

No solamente los adultos mayores sino aquellos que solamente por la vida que llevamos tienen problemas de estrés y depresión.'

 

¿Es parte de tu tarea controlar la salud mental?

' A nosotros en el curso nos enseñan no solamente a ser buenos profesionales, sino a indagar también lo que es la parte psicológica de los pacientes. Y a veces terminamos siendo más que paciente y profesional, amigos o psicólogos.

Los pacientes adultos mayores que yo atiendo necesitan mucho amor, necesitan mucha comprensión, compañía, cariño.'

 

¿Cuál es tu definición, tristeza o depresión?

'Cuando hablo de depresión o tristeza hablamos de salud mental. Muchas veces por causa de pérdidas de seres queridos que no han podido soportar, el cuerpo nos pasa factura. Sobre todo en los abuelos, que no pueden manifestarse de otra manera que no sea empezar a dejarse, a dejarse morir lentamente. Son velitas que se van apagando y yo en este proceso de mi trabajo me propuse no darme por vencida.

Con mi forma de ser, con el amor y la paciencia trato de cubrir ausencias. De familia o seres queridos que casi ni los visitan al punto que cuando llego y saludo está el hola de cada uno de ellos. a su manera pero todos saben que llegué, saben que llegó Flavia y no me alcanzan las manos ni las palabras para saludar a cada uno. Es tanta la necesidad del contacto físico que por ahí parecen dormidas y me tiran un beso o me saludan porque me conocen la voz, y a veces escucho un 'Te estaba esperando' eso es lo mejor que te puede pasar como profesional. Mucha gente hace su trabajo y lo corta, se da hasta la puerta y ahí queda.'

 

¿Cuánto dura una sesión de kinesiología?

'Eso me preguntan cuando llego. ¿Cuánto tardás? No puedo responder a eso.'

 

¿Por qué?

'Porque yo no solamente me dedico a movilizar, a la rehabilitación y masajes. Hay un músculo que se llama corazón y hay que activarlo de alguna manera .Porque un músculo atrofiado de un abuelo que no puede caminar yo creo que con trabajo y dedicación tiene solución. Va tomando fuerza, va tomando movimiento. Pero un dolor de alma y de corazón es muy difícil.'

 

Me imagino un concepto. ¿Puede ser síndrome del corazón roto?

'Así es'

 

¿Te dedicas también a la parte interna del paciente?

'Mi profesión sale desde el fondo de mi corazón. Yo ya estoy involucrada en mi profesión al 100 por ciento'

 

¿En algún momento te das permiso para desahogarte?

 'Estoy con las lágrimas a flor de piel. Me pregunto cómo puede ser que nadie venga a verlos, que no se ocupen, que no le den un amor, una caricia, un beso y después cuando faltan es demasiado tarde.'

 

¿Te llevas a tu casa treinta y pico de dolores ajenos?

'Y, por decirlo de alguna manera. Es un montón para mi humanidad. Para un corazón, porque no solamente tengo geriátricos, tengo muchos domicilios con gente muy enferma que en el verano me esperaba con el vasito de juguito fresquito porque iba a llegar yo e iba a tener calor o en el invierno  te esperan con un cafecito calentito , un regalo para tu cumpleaños, un abrazo, un ¡Gracias por escucharme, sos mi amiga!

Esas cosas son impagables, entonces yo sigo con la profesión, sigo constantemente indagando, haciendo cursos, porque yo sé que todos mis conocimientos le hacen bien a ellos. Yo creo que a veces me dicen que les duele algo para que los mime un ratito. Ellos necesitan ese camino, esa mano que les toma la presión, un minutito de tiempo para ellos. 

Una sonrisa y esa confianza que inspira mi presencia.'

 

¿Cuál es tu inquietud? ¿ Por qué necesitas contar esto?

'Porque todo es muy triste, no es posible que estén tan solitos, será mi destino o será nuestro destino cuando hablamos con la familia de otros abuelos y entonces  pienso que si va a ser nuestro destino, ¿por qué fallarles a ellos? Sí uno va a llegar, todos vamos a llegar a esto, por ahí unos peores, unos mejores. Diferente calidad de vida, puede variar según la posibilidad que uno tenga, yo quiero que impacte en esta nota si tenés a tu mamá, tenés a tu abuela, tenés a tu abuelo a tu papá, cuidalo, dale amor por más que tenga cualquier tipo de enfermedad, 10 minutitos para ellos es mucho.' 

 

¿Por qué esas lágrimas?

'Recuerdo una abuela que estaba algo decaída y la atendí. Pedimos una ambulancia y ella no quería soltar mi mano. En un momento y ante la situación, le aparté despacio la mano para que la lleven y me sigue acariciando. A la noche falleció.'

 

¿Tu reflexión?

'Como reflexión es que no se pierdan la posibilidad de pasar el último tiempo con su adulto mayor, con su padre, con su madre, un ratito cada día una caricia, un beso a ellos les llena el alma. Compartir un mate. Porque yo puedo ser masajista, cuidadora, kinesióloga pero la ternura de un hijo, un nieto o un amigo es diferente.

Yo diría que el momento es hoy, ahora.  Mira, yo te voy a contar una historia cortita que me ha pasado en mi vida. Había una abuela a la vuelta de mi casa que vivía en condiciones precarias. Yo había puesto una despensa a la vuelta y ella empezó a comprar. Era una mujer ciega y no tenía ningún familiar, la acompañaban los vecinos. Y ella me compraba las milanesas, yo después me entero de que las comía crudas porque no tenía cocina para poder cocinarse esas milanesas. Le dije entonces que yo se las llevaba calentitas al mediodía entonces empecé a entablar una relación. Cuando vi las condiciones en las que vivía, con 5 perros dentro de la casa, que dormía en un colchón tirado, que no tenía frazada, no tenía baño, fui al asistente social . Les planteo la situación, que necesito una vianda y yo me voy a hacer cargo de la cena. Era como un preso, yo le pasaba la comida calentita y ella la agarraba con la mano y se la comía para que los perros no se coman su cena.

Una noche no la encontré. Al otro día, la puerta estaba abierta, entonces pude entrar. Estaba tirada en una de las habitaciones abajo de la cama. Llamé al hospital, la acompañé e hice todos los trámites para poder internarla, porque estaba deshidratada. El día que le dan el alta no había quién se haga cargo. Firmé donde hubo que firmar y me hice cargo de una abuela sin tener nada que ver, sin ser familiar.'

 

¿Y qué pasó con ella?

'Estuvo acá en el geriátrico, yo me la puse a mi recibo de luz para tener un buen descanso el día de un desenlace, porque yo pensaba en eso, uno lamentablemente tiene que pensar en esas cosas. Gracias a Dios estaba Claudia, la actual dueña y yo venía todos los días. Le traía golosinas, y decía que yo era una amiga que la iba a visitar y me tocaba porque como era ciega me tocaba, me palpaba y le sacaba una sonrisa'

 

¿Qué te gustaría?

'Que con cada abuela haya una silla a la par aunque sea la horita de visita.  El corazón roto no está a mi alcance pero hago lo que puedo."

 

¿Será posible que a través de estas líneas se pueda llegar a las familias que por alguna razón ya van dejando de visitar a nuestros queridos viejos?

Es la pregunta que me hago después de escuchar un largo testimonio donde una profesional se involucra hasta las lágrimas para pedir un minuto de reflexión.

Verlos sonreír como cuando a la abuela Maruca su hija le regaló un ramo de jazmines una tarde de diciembre.

Y ella, lentamente la miró a Flavia que sentada en el césped le hacía sus ejercicios y le acercó uno como compartiendo desde el aroma, tanto contención.

¡Es la fuerza del cariño, la necesidad de compartir! 

¡Es ahora, mañana puede que ya sea tarde!

¡Gracias Flavia!

 

feature-top